Recuerdo luego el interior de un edificio. Era blanco, todo de paneles blancos translúcidos que estaban iluminados. Era un pasillo blanco, ancho y largo. Casi futurista. Sólo recuerdo eso y la sensación de no estar vestida lo suficientemente decente como para estar en ese lugar. Creo que estaba descalza. Raro. Después todo volvió a desaparecer.
Luego recuerdo una playa de noche. La mar estaba bastante retirada, por lo que en la orilla se apreciaba la fuerte iluminación del paseo marítimo pero no llegaba a ese lugar, es decir, veías el paseo casi ardiendo de luz, pero tú estabas casi en tinieblas. Sólo se veían las siluetas recortadas contra la fuerte luz y las crestas de las olas iluminadas. Había gente, pero yo estaba sólo con alguien más. Era una chica rubia con el pelo largo y una sonrisa permanente. Daba la sensación de que era una vieja amiga. El mar estaba revuelto. Estábamos haciendo bodyboard sin tabla. Nos lanzábamos nadando hacia la orilla cuando venían las olas, y llegábamos a la arena sin dificultad. La sensación de no ver nada, de nadar con todas tus fuerzas para llegar antes, de gritar dentro del agua, de oír el estruendo de las olas y nada más, era maravillosa y aterradora. Liberadora e intimidante.
Recuerdo gritar para que mi compañera me escuchase. Me gritó que salía del agua. Dejamos de reírnos a carcajadas, y mientras salía del agua ella, yo me quedé dentro confundida. Sin embargo, tardé poco en volver a jugar con las olas. Estaba esperando otra ola cuando la vi llegar, empapada todavía, pero con una sudadera gris seca encima. Sonrió cuando me vio. Yo reí y llegó la ola que esperaba, que me llevó a la orilla mientras luchaba por ser más veloz que el mar y reía a carcajadas como si me hubiera entregado a la locura. Cuando llegué a la orilla no tenía fuerzas para nada más que para acercarme a mi amiga gateando y sonriendo. Ella se rió por mi aspecto empapado, cansado y lleno de arena y me abrazó. Yo le devolví el abrazo sin dejar de reír. Cuando me soltó, se quitó la sudadera, la dejó en la arena y volvió al agua. Todavía tenía la impresión de estar siendo sacudida por la fuerza de las olas cuando desperté.