jueves, 13 de octubre de 2011

¿Te has fijado?

Nunca tenemos todo lo que queremos. Sin embargo, hay veces que parece que sí, que a grandes rasgos lo tienes, que no puedes pedir más, que todo está bien y de acuerdo con tus necesidades y deseos, y no lo sientes así por mucho que tu lado racional te diga lo contrario. Es contradictorio, valga la redundancia, porque a ojos de los demás estás satisfecha, a tus propios ojos lo deberías estar, pero no. Porque si no es por a, es por b. Porque si tú tienes novio y es moreno, tú lo querías castaño. Porque si tienes una pulsera roja, tú la querías azul. Porque si para cenar hay pescado, tú querías carne.

Y sí, sabes que son unas gilipolleces, que puedes pasar perfectamente por alguien caprichoso, que deberías cerrar el pico sólo por el mero hecho de tener todo eso sin preocuparte de los detalles, pero hay veces que una está tan centrada en la perfección que un simple detalle que no llega a ser imperfecto del todo le exaspera. Porque, joder, ¡qué más te darán los colores o la cena, si sabes que también te gusta así! Pero no, hay días que te pones tonta, y te pones tonta. Y que haces un berrinche y lo aguantas todo estoicamente como si te estuvieran pidiendo un favor del tamaño de sostener el cielo sobre el mundo. Y cuando te vas a acostar ese día, haces lista de todo lo que has hecho, y sólo piensas: "...En el fondo todo está bien. Soy idiota." ¡Y tienes razón! ¡Tienes toda la jodida razón! Porque todo es perfecto, y eres tú la que está afeando esa perfección. Los imperfectos algunas veces también hacen las cosas más perfectas. Pero te das cuenta tarde.

Pero hay otras veces que no. Que no hay quien te haga dejar de ser feliz ese día. Que no, que por tus huevos que no. Por mucho que te tengas que cambiar mil veces para verte guapa. Aunque se te manchen los pantalones mientras desayunas y tengas que volver a cambiarte. A pesar de que te despistes y hagas la mochila para un lunes y sea jueves. No importa te tires dos horas en clase sin libros. No pasa nada por que te llegue un sms diciendo que has agotado el bono de alta velocidad en Internet en tu móvil. Da igual que tu móvil casi se quede sin batería antes de llegar a casa. Tú has dicho que por tus santos ovarios que hoy no te amargaba nada, y no te va a amargar nada. Ni siquiera el hecho de que tres chicos que rechazaste en su día te estén volviendo a dar (demasiadas) señales de vida. Que no, que no, que hoy no te amarga ni Dios.

Y aunque no tengas lo que quieres, con o sin imperfecciones, eres feliz, porque tu vida es así y te gusta tal y como es. Peor sería si fuera aburrida y siempre te pasara lo mismo, ¿no?