sábado, 16 de junio de 2012

¿Simba?

Querida Iaia:

¿Dónde estás? ¿Qué tal te va todo? Hace mucho que no sé de ti, ¿qué estás haciendo? ¿Sigues haciendo tantas tonterías como cuando estabas conmigo? Te echo de menos. Me acuerdo de ti todos los días, cuando veo tus fotos. A veces me hacen reír porque recuerdo lo bien que nos lo pasábamos, otras veces tengo que apartar la mirada y respirar hondo, porque me faltas, pequeña. Nos faltas a toda la familia. Mamá también te echa de menos, ¿sabes? Yo no soy tan fácil de tratar. Papá también te echa mucho de menos, yo no juego con él tanto como tú. Mi hermana también te echa de menos, creo que se siente sola sin ti. Yo no la cuido tanto, ni la cojo de la mano por la noche mientras dormimos, como tú hacías. Y no le doy a Nala tanta guerra como tú, pero te aseguro que lo intento.

De todas formas, ella también se ha hecho mayor, ya. Si la vieras estoy segura de que no sabrías si reír o llorar. ¿Recuerdas cuando llorabas en silencio las noches que ella dormía contigo, tranquilamente entre tus tobillos, y tú imaginabas cómo sería todo cuando ella ya no estuviera? Yo también lo hago a veces. Me acuerdo tanto de ti esas noches...

Me acuerdo de ti cuando veo tus libros, en la estantería, cogiendo polvo y ocupando espacio. Tantas veces he acariciado los lomos de sus cubiertas y he pensado en releerlos, para intentar hacerte volver... Pero no lo hago. Lo siento, Iaia. No puedes volver, esto ya no es seguro para ti, te harían tanto daño que no me lo perdonaría nunca. Te echo de menos, pero debes saber que es por tu bien que te alejé de mí.

Aún así, otra razón por la que no puedo permitirte volver es por vergüenza. ¿Qué pensarías de mí, pequeña, si vieses en lo que me he convertido? ¿Qué hay de todo lo que imaginamos ser y de lo que soy ahora? Lo intenté, pero no salió del todo bien. Tengo muy buenos amigos, Iaia, eso te lo juro, estoy rodeada de lo mejor que te puedes imaginar. Me quieren, y yo les quiero a ellos. Te habría encantado conocerles a todos, estoy segura de que estarías muy contenta si les vieras. También te encantaría ver que, de alguna manera, estoy escribiendo mucho. ¿Te acuerdas cuando sólo queríamos poder vivir como escritoras? Bueno, aún no tengo beneficios económicos, pero por lo menos estoy haciendo mucha práctica. Y soy fiel a lo que siento cuando escribo, que eso es siempre lo que tú quisiste. Por eso nunca te preocupes.

Ves que sigo yéndome por las ramas cuando no quiero hablar de algo, ¿no? Sigo siendo igual que tú en algunos aspectos. La cosa es, Iaia, que no te esperarías los cambios en algunas partes de mi carácter actual. Tú eras simpática con todo el mundo, hasta con la gente que no lo era contigo. Digamos que yo me he vuelto un poquito más defensiva... en un sentido un poco radical. Puedo imaginarme los reproches que me harías muchas veces cuando soy borde o cruel con alguien, igual que lo triste y confusa que te sentirías si alguna vez me vieras enfadada. Ninguna de las dos esperaba acabar así, pero los años y la gente hacen tanto, tanto daño...

¡Pero sigo conservando el peluche de Nala! ¿Te acuerdas de él? ¿Nuestro peluche favorito? Ahí sigue, como siempre, igual de blandito y de achuchable y de todo. Aunque ahora sólo lo cojo para moverlo de la cama al armario y del armario a la cama... y a veces ni eso... pero no puedo jugar al Rey León como antes. Ay, si vieses en lo que esta familia se ha convertido... te morirías de pena y de miedo. Es duro, Iaia, tan duro... por eso no puedes volver, te estoy protegiendo, y no quiero que veas lo que pasa y lo que hago ni que oigas lo que puedo llegar a decir. Te morirías del susto, también. Eres demasiado inocente.

¿Sabes que hay gente que nos sigue confundiendo? Me tratan como si yo fuera la niña pequeña que  eres. Y claro, no creas que me molesta, pero es como si les estuviera engañando. ¿Cómo les explico que tú ya no estás, por mucho que nos pese a todos? A veces quiero ir a buscarte y traerte aquí, para que todos te vean y comprobar si tú podrías sobrevivir aquí, con ellos, y llevar una vida más tranquila que la mía. Así quizá podría descansar un rato. Luego alguien viene a molestar y decido que es mejor que te quedes donde estás, que yo puedo enfrentarme mejor a ellos, porque me volvería loca si alguien te hiciera más daño. Eres una de las pocas cosas que me mantiene cuerda todavía, acordarme de ti me ayuda.

Estoy segura de que ahora mismo acabas de desconcentrarte leyendo, te has ido por la tangente pensando y estarás riéndote imaginando las caras de quien pueda leer esta carta sin conocerte. Créeme, a mí también me encantaría ver esas caras. ¿Pero qué podemos contarles? Muy pocos, si no nadie, podrán llegar a saber quién eres tú y quién soy yo tan bien como lo sabemos nosotras. Luego me llamarán loca, pero da igual, no es como si fuera la última noticia. A ti también te lo llamaban y no es que haya variado la situación. Pero loca inteligente, como tú decías, eres una loca consciente.

Tengo que dejarte, Iaia, el deber me llama. No, no soy una superheroína, como tú querías ser. Lo siento, esta gente todavía no sabe cómo podemos hacer para volar por nosotros mismos. Pero te mantendré informada si lo consigo alguna vez. Espero poder volver a mandarte otra carta alguna vez, ¿vale? Ya te contaré más cosas. Por ahora debes quedarte donde estás y no volver, simplemente tienes que esperar a volver a oír noticias mías. Prometo no tardar años otra vez, que sé que me habrás odiado en algún momento por lenta. Y otra cosa, Iaia... perdón por todo. Tú ya sabes por qué. Lo siento.

Te echo mucho de menos.

Claudia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario