miércoles, 8 de enero de 2014

Gold statues don't talk.

"...Di algo... lo que sea...".

Nada. Silencio. Es todo lo que consigues obtener del hombre delgado, trajeado y con un vaso de whiskey dorado en la mano. Estás acostumbrada al frío en su ausencia y en su presencia, pero parece que te han atrapado en un iceberg mientras esperas de pie en medio del salón algún tipo de reacción. Un grito, un gesto de confusión, una lágrima, un ceño fruncido.

Lo que sea.

Algo que te indique que te ha oído cuando le has pedido el divorcio.

"Yo... no puedo. No puedo estar sola y tenerte en mente y tenerte cerca y seguir estando sola. Sabes que yo te quería, lo sabes, quería estar contigo siempre, acompañarte en todo y a todas partes... pero no me has dejado... no me diste la oportunidad de seguirte".

Un trago. Dos. De whiskey. De saliva. Para no ser consciente. Para aflojar el nudo en la garganta.

"Me rindo. ¿No dices nada?".

Podrías estar quemando un agujero en su nuca con tus ojos, pero él no se gira. No cambia de postura. Clavado delante de la chimenea, mano izquierda en el bolsillo de los pantalones negros rectos y bien planchados, mano derecha sujetando un vaso cilíndrico bajo con whiskey y tres cubos de hielo. La chimenea ni siquiera está encendida.

El frío no cambia.

Que simplemente te ignore una vez más te hace sentir diminuta, frágil, tonta, ingenua. No quieres acercarte a él porque sabes que tus músculos están rígidos por el frío y seguramente tropieces y caigas, rompiendo aún más tu dignidad.

Después de que tu amor por él se estrellase contra la certeza de que nunca podrías conformarte con camas vacías y joyas caras, decidiste hacer esto, por amor propio. Aún te queda mucho por delante, para volver a reconstruirte tú misma, pero este es el primer paso. Estás convencida.

"...Siento no haber podido ser lo suficiente como para que te abrieras a mí".

Estás al borde de las lágrimas, y se nota en tu voz. Te preguntas si él se ha dado cuenta, si le importa.

Silencio. Frío. Nada se mueve en el salón, aparte de tu cuerpo, que tiembla.

"Yo...".

Te detienes, sin saber qué decir. No tienes nada más que decir. Tú no. Así que tu segundo paso hacia volver a sentir calor dentro de ti es dejar de intentarlo, tragar tu orgullo y dejar de intentar sonsacarle reacciones.

No. No puedes. Todavía no.

"Yo te quiero. Te he querido. Me he casado contigo, y te estoy diciendo que me voy. ¿¡Es que no tienes nada que decir?!".

La rabia y la frustración hacen que tu sangre se convierta en lava en una milésima de segundo y cubres la distancia entre los dos en tres zancadas. Con la mano derecha le arrancas el vaso de la mano y lo lanzas hacia la chimenea, donde estalla. En el mismo momento en el que el sonido de cristales rotos rompe el silencio, tu mano izquierda agarra su mentón con agresividad para obligarle a mirarte a los ojos.

No sientes ningún tipo de alivio cuando ves la más mínima expresión de dolor y culpa en ellos.

"¿¡No piensas decir nada mientras te abandono!? ¡Di algo, joder!".

Nada. Solo tu respiración agitada.

Tu mano izquierda vuelve a tu lado, inerte, pero él sigue mirándote a los ojos sin decir nada.

"N-No sé lo que hice para que me alejaras de ti, no sé siquiera si hice algo para que te alejaras de mí, pero lo siento. Siento tanto el... el haber fracasado en intentar ocupar un sitio importante en tu vida...".

Tu garganta duele como si él te estuviera estrangulando con las dos manos. Pero sus mano izquierda está aún en su bolsillo y su mano derecha está tensa, en un puño, con los nudillos blancos. Emoción. Ahora. Nunca antes.

Ahora. Justo al final.

"Te habría seguido al fin del mundo si tan solo me hubieras dicho cuándo y hacia dónde querías ir".

"Por favor... di algo...".

Esperas. Esperas. Esperas.

Esperas.

...

Nada.

Y ahora sí. Ahora sí, tragas saliva una vez más, y el dolor de tu garganta casi te asfixia. Pero te mueves. Te vas del salón. Vas a tu habitación. Coges la maleta que ya has preparado con tus cosas más importantes. Vas hacia la entrada. Lanzas una última mirada al salón. Nada se ha movido en los últimos cinco minutos. Él tampoco.

Abres la puerta.

Silencio. Frío. Nada. Sales.

Cierras la puerta.

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