lunes, 4 de agosto de 2014

I walked through fire to save my life.

"Entonces... ¿ya está?"

"...Sí, se acabó. Yo... lo siento."

"No, no te disculpes. Ya da... ya da igual."

"...¿Te veré por ahí?"

"Eh... sí, ya... nos veremos, supongo."

"Vale. Eh, adiós."

"Sí, adiós."

Colgué. No era como si ninguna de las dos tuviera muchas ganas de seguir hablando, de todos modos. Al menos, no creo que nadie las tuviese para hablar con alguien que básicamente te acabase de dejar por teléfono. En realidad le dije que las cosas llevaban un tiempo sin funcionar para mí hace tres días, y hoy nos vimos para intentar hablarlo y salvar este Titanic, pero no funcionó. Por ello, en cuanto me mandó un mensaje diciendo que acababa de llegar a casa, llamé y le dije que no podría haber vuelta de hoja. Y ahora estoy aquí, en casa, sola, de madrugada, con los platos sucios de una cena "romántica" en el fregadero y los trozos de otra relación fallida desperdigados por todo mi salón. Por mi culpa, para variar.

Otra persona con el corazón roto por mi culpa. Pensaba que después de haber pasado por esto varias veces me acostumbraría, pero aparentemente no es tan fácil como dicen las películas antiguas. Suspiro y lanzo una mirada por todo mi salón, a oscuras salvo por la luz que entra por la gran ventana. Debería ir cerrando las cortinas y arreglando la cocina, pero me pesa el cuerpo. Será mi conciencia.

Honestamente, ¿por qué siempre pasa igual? ¿Por qué parece que nunca puede ir bien una relación si yo formo parte de ella? ¿Qué detalle o truco me estoy perdiendo para permanecer enamorada de una persona? Estoy harta de mí misma y mis idioteces, quiero que me descambien. Pero no, si la culpa es mía por meterme en estos líos a sabiendas de que no sé cómo manejarlos...

Pero esta vez tenía ganas de que saliera bien. Tenía muchas ganas... tantas que casi perdí la noción de lo que estaba pasando, pero no creo que eso pase, ya. Mi cabeza estaba inundada de alarmas hasta hace unas horas, cuando se apagaron todas de repente. Mi mente no puede tolerar pasar mucho tiempo bajo la influencia de algo que no puede controlar ni racionalizar del todo. Así que ahora hay otra muesca en mi decepcionante cinturón, y me quedo sola con la terrible duda de si no puedo confiar en nadie para que me arrebate el control sin que yo pierda totalmente los papeles.

Lo peor es que me conozco. Yo estoy perfectamente bien, solo triste por haber hecho daño a otra persona más. No quiero herir a gente. Odio herir a gente. Me gusta ser social y hacer felices a los demás todo lo que puedo, o protegerles, y me entristece no poder hacerlo. Pero tengo un cascarón duro y un corazón ágil, por lo que no sufro muchos daños, normalmente. Aunque, a veces, los contraataques sí que duelen, pero no entiendo. O al menos hasta cierto punto, porque cuando me convierten en objetivo y me buscan las cosquillas, yo también cedo y puedo hacer daño intencionadamente, y más rápido y con más fuerza que sin querer. Tengo un corazón ágil y una mente despierta.

Sea como sea, tengo claro que hoy voy a tener insomnio. Esa sensación de inquietud ya me ha tensado todos los músculos, y mis párpados han dejado de moverse con la frecuencia normal. Hoy me toca comer techo. Haré recuento de lo que tengo, de dónde me deja esto, de las consecuencias que tendrá, de lo que significará para mí. Pero determinaré que mi vida sigue, que es lo más importante. Lo único que tengo claro es que mi vida y mi persona son lo único que me queda en las noches como esta. Y aún así lo intento, intento compartir mi vida con alguien más, buscar compañía para las noches en vela, pero es algo en lo que solo fracaso. Hoy he tenido una derrota más, y cada vez duele más perder las apuestas.

Pero al final de la noche, sigo siendo yo. Tengo una coraza fuerte y gruesa, un corazón ágil y complicado y simple a la vez, una mente racional y despierta, y una conciencia que me recuerda que siempre habrá un mañana, y que cuando deje de haberlo, tampoco pasará nada. Así que abandonar no está en mis planes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario