domingo, 28 de agosto de 2011

Planes de pasado y problemas del futuro.

Una vez, hace mucho tiempo, o no tanto, quién sabe, una persona me dijo algo que se me quedó marcado muy hondo, algo que me vino dando dolores de cabeza un tiempo y que olvidé hasta hace más bien poco. Esa persona, mi inigualable madre, me dijo una tarde: "Claudia, yo sólo pido una cosa para ti. Sólo quiero que te pase una cosa en la vida, y te lo digo ahora por si en algún momento no estoy. Quiero que te enamores, porque es lo más bonito que te puede pasar en la vida, el tener un amor como el mío.".

Yo, que no había tenido mucha experiencia en eso y todavía sigo más o menos igual, recuerdo que la miré confusa y medio dudando asentí. Pero, ¿cómo decirle a mi madre que yo no soy capaz de enamorarme? ¿Cómo le explico que mi miedo a comprometerme es más fuerte que yo? Tampoco sería capaz de admitir que no sé lo que es enamorarse, que no lo he sentido nunca o que si alguna vez lo he hecho, no quisiera repetir. Y aunque lo sabe, aunque se lo he confesado tras las lágrimas, no creo que entienda por qué es tan grande el miedo a sufrir daños otra vez. Y eso nos lleva a otro punto.

Hace poco tiempo, un amigo me recordó cuando yo creía en el "nunca digas nunca". Y tiene razón, creía en ello como la que más. Tengo una mesa de instituto y un archivador que lo demuestran. NSN está escrito por todas partes. Never say never. Hace tiempo de eso. Meses ya, no recuerdo cuántos. Y sin embargo, ya no creo en ello, porque descubrí que el adjetivo "eterno" se lo puedes poner a muy, muy pocas cosas. Porque no siempre puedes aguantar. No siempre puedes tener lo que quieres. No siempre lo conseguirás. Y a pesar de tus triunfos, que serán muchos, fracasarás. Fracasarás estrepitosamente. Te humillarán, te ridiculizarán por tus derrotas. Te golpearán y se reirán de ti. No estoy hablando de la gente, estoy hablando de las circunstancias, de la vida, de las consecuencias de nuestros actos. Sin embargo, todavía creo en un nunca. En ninguno más, porque hay que admitir cuando uno ya no puede más, pero siempre, siempre habrá un nunca que no me podrán quitar. "Nunca, jamás en mi vida, me derribarán y me quedaré tendida en el suelo sin levantarme una vez más".

Aclarado ese punto, es hora de volver a la cuestión principal, el deseo de mi madre por que encuentre el amor y mi miedo y rechazo a hacerlo. En el fondo, quiero cumplir ese deseo suyo. Quiero enamorarme, sentirme querida, querer a alguien más que a mi propia vida, tener un compañero para el fin de mis días, despertarme y sentir el calor de alguien más conmigo. Sin embargo, no ahora, no dentro de un año, no dentro de dos. Dentro de un año seguiré siendo una adolescente confundida y con poca experiencia amorosa. Dentro de dos, seré igual, quién sabe si con más ex novios o no. En el fondo, no importa. Quiero enamorarme tarde, lo más tarde posible. Tarde y despacio. Tarde, para aprender todo lo que pueda antes de enfrentarme a ello y vivir miles de cosas antes de vivir lo más ansiado por todo el mundo. Y despacio, porque las buenas cosas se hacen despacito, sin prisa, paso a paso, con buena letra y disfrutando de cada detalle. ¿De qué me serviría enamorarme deprisa y no vivirlo con tranquilidad para asimilarlo? Tarde y despacio. Lentamente. Que no dé tiempo a que se rompa. Que no se fuerce.

Es obvio que no tendré miedo toda mi vida. Sé que en algún momento me plantaré y diré un "sí, quiero", o aceptaré con los brazos abiertos algún tipo de compromiso. En algún momento podré decir que me he enamorado y sabré reconocerlo. Cuando toque, seré capaz de dejarme el miedo a acabar herida debajo de la cama y vivir tranquila, asumiendo las consecuencias de querer vivir una experiencia así. Y si salgo mal parada, si no resulta, si se rompe, si no llega, no pasa nada. Espero que no sea algo con lo que necesite vivir. Mi madre lo mismo se decepciona, pero personalmente no veo algo imprescindible enamorarse. Quizá lo haga, quizá no. Pero tampoco me hace falta eso para aprender a amar. Amar es algo que se hace día a día, no cuando conoces a cierta persona determinada. Amas ver amanecer, amas acariciar a tu mascota, amas reírte a carcajadas, amas comer algo rico después de un día duro, amas ver o como mínimo hablar con tus amigos de verdad. Lo amas, porque lo esperas todos los días, porque te sientes extraño cuando no lo haces, porque cuando quieres y no puedes hacerlo te enfadas y ya no te quitas ese malestar hasta que puedes hacerlo de nuevo. Eso es amar para mí.

Sin embargo, si en algún momento tengo que variar esta descripción, lo haré. Pero por ahora, no estoy enamorada de nadie, estoy enamorada de todas esas cosas, y no tengo la más mínima intención de cambiarlo por dedicarme a una sola persona, por ahora. Y si algún día lo pienso, creo que esa persona, si se enamorase de mí, tendría que convivir con el resto de mis amantes.


sábado, 6 de agosto de 2011

Ta dah!

El teatro está expectante. Las butacas están llenas, los palcos rebosan, todos cuchichean bajito para escucharse entre todos, nadie quiere perderse un comentario, todos quieren enterarse de todo. La sala está a oscuras, unos focos tenues colocados estratégicamente alumbran el telón tenuemente, dejando el resto de la sala en penumbras. Hay gente de todas las clases, para todos los gustos, de todas las formas. Todos ansían contemplar el mismo espectáculo. Todos quieren ser entretenidos.

Los focos se encienden con un gran chasquido, el telón se ilumina con fuerza, los susurros terminan de golpe, alguien se ha asustado por el repentino comienzo. El telón rojo parece una cascada de terciopelo. De pronto, el telón se separa por la mitad y aparece una figura alta. Se vuelven a oír algunos comentarios en voz baja hasta que aquel hombre golpea con su bastón el escenario.

-¡Bienvenidos, damas y caballeros, al espectáculo que jamás podrán olvidar, a la obra maestra de la comedia, a la joya del tesoro que es la tragedia, a la flor y la nata de lo absurdo, a la cumbre de la magnificencia de toda lógica!-anuncia aquel hombre enfundado en un frac, con bastón negro de extremos de metal, voz potente, sonrisa macabra y capa negra y roja. Su pelo negro peinado hacia atrás brilla por la gomina y la luz. Su sonrisa encandila a mujeres, sorprende a hombres y asusta a niños-. El show que van a contemplar ahora mismo es único, invariable, inigualable. Les aseguro risas, les aseguro lágrimas. Les aseguro puro y sano entretenimiento. Les advierto que algunas partes pueden resultar desagradables, obscenas, traumáticas o de mal gusto. Invito amablemente a quienes tengan conciencia pura o pureza de alma que salgan de la sala.

Nadie ha movido un dedo. El silencio es denso y ni siquiera los niños más pequeños han pestañeado para dejar de mirar al presentador. Sus padres no parecen más preocupados.

-Lo suponía-continuó el presentador más para sí mismo que para el resto, ampliando su sonrisa, convirtiéndola en una mueca de pura malicia-. Entonces, ¡dispónganse a contemplar este espectáculo digno de admirar, sumérjanse en su historia, aprendan de sus moralejas! Porque créanme, queridos espectadores, esto es más real de lo que ustedes mismos creen... es la historia de la vida, ¡el espectáculo de la existencia! ¡La obra maestra de la humanidad!

El presentador coge un costado de su capa, y ondeándola con dramatismo, vuelve a atravesar el telón para meterse entre bambalinas. El público espera hasta que desaparece para romper a aplaudir con fuerza y entusiasmo. Segundos después vuelve a haber un silencio tenso, a la espera de que empiece la función. Se oye movimiento detrás del escenario, todo el público está atento al telón rojo, observándolo como si quisieran ver a través del terciopelo.

De pronto, el telón se levanta. El escenario está vacío a excepción de una muchacha vestida de forma humilde con una camisa y una falda larga, ambos de tonos marrones. Una luz intensa rojiza ilumina el escenario, como si todo estuviera empapado de sangre.

domingo, 10 de abril de 2011

De sueños y sensaciones.

Hoy, soñé algo raro. Recuerdo sólo fragmentos que se repiten en mi cabeza como fragmentos de película. No tienen sentido ni relación, pero el intento de unirlos y de encontrar su razón hace que los vea bonitos. Primero había un bosque. Lo veía desde arriba, como si viajara en helicóptero dando vueltas sobre él. Luego, una gran y espesa masa de niebla lo cubría. Estaba entre montañas. Era sorprendente cómo aquella enorme masa de color grisáceo ocultaba la enorme mancha verde oscura. Era un bosque espeso, y no hacía sol, así que daba un aspecto un poco tétrico. Pero sentí tristeza cuando lo vi desaparecer. Era bello. Cuando la niebla tapó todo el bosque y sólo se veían las copas de los árboles más grandes como cabezas de alfiler, todo se fue a negro.

Recuerdo luego el interior de un edificio. Era blanco, todo de paneles blancos translúcidos que estaban iluminados. Era un pasillo blanco, ancho y largo. Casi futurista. Sólo recuerdo eso y la sensación de no estar vestida lo suficientemente decente como para estar en ese lugar. Creo que estaba descalza. Raro. Después todo volvió a desaparecer.

Luego recuerdo una playa de noche. La mar estaba bastante retirada, por lo que en la orilla se apreciaba la fuerte iluminación del paseo marítimo pero no llegaba a ese lugar, es decir, veías el paseo casi ardiendo de luz, pero tú estabas casi en tinieblas. Sólo se veían las siluetas recortadas contra la fuerte luz y las crestas de las olas iluminadas. Había gente, pero yo estaba sólo con alguien más. Era una chica rubia con el pelo largo y una sonrisa permanente. Daba la sensación de que era una vieja amiga. El mar estaba revuelto. Estábamos haciendo bodyboard sin tabla. Nos lanzábamos nadando hacia la orilla cuando venían las olas, y llegábamos a la arena sin dificultad. La sensación de no ver nada, de nadar con todas tus fuerzas para llegar antes, de gritar dentro del agua, de oír el estruendo de las olas y nada más, era maravillosa y aterradora. Liberadora e intimidante.

Recuerdo gritar para que mi compañera me escuchase. Me gritó que salía del agua. Dejamos de reírnos a carcajadas, y mientras salía del agua ella, yo me quedé dentro confundida. Sin embargo, tardé poco en volver a jugar con las olas. Estaba esperando otra ola cuando la vi llegar, empapada todavía, pero con una sudadera gris seca encima. Sonrió cuando me vio. Yo reí y llegó la ola que esperaba, que me llevó a la orilla mientras luchaba por ser más veloz que el mar y reía a carcajadas como si me hubiera entregado a la locura. Cuando llegué a la orilla no tenía fuerzas para nada más que para acercarme a mi amiga gateando y sonriendo. Ella se rió por mi aspecto empapado, cansado y lleno de arena y me abrazó. Yo le devolví el abrazo sin dejar de reír. Cuando me soltó, se quitó la sudadera, la dejó en la arena y volvió al agua. Todavía tenía la impresión de estar siendo sacudida por la fuerza de las olas cuando desperté.

martes, 21 de diciembre de 2010

Volar es para mí...

Hace tiempo que volar es uno de mis deseos escondidos. Antes creía que volar era tener un par de alitas en la espalda y hacer piruetas y quiebros bonitos en el aire, completamente feliz con una vida perfecta y todo maravilloso. Pero volar es otra cosa.


Un experto diría que volar es “ir o moverse por el aire, sosteniéndose con las alas”. Un piloto de aviones te dirá que volar es trabajar. Un turista, que es viajar. Para un ave, volar sería desplazarse sin más. Un humano te diría que volar sin tecnología es imposible. Yo te digo que volar es todo eso, y a la vez ninguna de esas cosas.


Volar es esa sensación de viento en la cara que te refresca. Volar es ser independiente por un rato. Volar es no tener nada a lo que atenerte, y seguir hacia adelante. Volar es que se te enrede el pelo, que el viento haga con tu pelo lo que quiera, que te lo descoloque, mirarte al espejo y verte perfecta igual. Volar es escapar de todo y soltar un suspiro de alivio. Volar es… volar.


Vuelas cuando te evades del mundo en tu mente, cuando te dejas el vértigo guardado en un cajón y sacas la valentía que raya la temeridad, cuando te enfrentas a algo solo, sin apoyarte en nada, cuando eres libre. Vuelas cuando estás solo, cuando ves todo desde arriba, cuando tienes otra perspectiva. Vuelas cuando, pase lo que pase, sonríes, respiras el aire de esa brisita que llega y dices: ¡Vamos, adelante, sin parar!


Volar es pensar por un momento que nada te da miedo, que eres imparable, que puedes solo, que te mueven las corrientes de aire, que el viento está contigo y tú con él, que respirar se convierte en algo maravilloso y observarlo todo desde otra perspectiva lo vuelve todo interesante y comprensible. Volar es sentir las piernas colgando y sonreír porque no te vas a caer.


Volar es vivir. Volar es mi manera de vivir.

domingo, 12 de diciembre de 2010

Chiquitita

Hola, chiquitita. ¿Qué tal? ¿Qué te ocurre, chiquitita? ¿Por qué lloras, chiquitita? ¿Qué te pasó, chiquitita, quién fue? ¿A quién debo odiar, chiquitita? No te preocupes, es broma, no voy a odiar a nadie, sé que no te gusta verme odiando.

¿Pero qué te pasa, chiquitita? Sabes que a mí no puedes esconderme nada, vamos, ¡dímelo! Perdona, chiquitita, ya me calmo, pero sabes que no soporto verte así, chiquitita. Cuéntamelo todo, tengo todo el tiempo del mundo para ti, chiquitita. Ven, siéntate conmigo aquí, estarás más cómoda que ahí de pie.

Por favor, chiquitita, deja de llorar, me estás matando. Anda, ven, que te quito esas lágrimas... Espero que no te importe que lo haga con las manos, no tengo pañuelos... Acércate, dame un abrazo, anda... Llora, mejor llora, desahógate, chiquitita... ¿Por qué estás así, chiquitita? No será por mi culpa, ¿verdad? ¡Que me muero, chiquitita! Vale, vale, perdona, era para cerciorarme...

Tú no te preocupes, chiquitita, no me voy a ir, no estás sola, no lo estarás nunca, chiquitita, no mientras yo viva. Tú tranquila. ¿Ya? ¿Ya no lloras? Así me gusta, chiquitita. Ahora, ¿qué pasó? ¿Lo de siempre otra vez? Jo, chiquitita, yo no te entiendo... bueno, sí, demasiado. Pero mira, chiquitita, sopla el viento. Y el viento, chiquitita, al final arrastra a las nubes.

I'd like to make myself believe!

La vida no es bonita.

La vida es dura, implacable, despiadada. No por ser tú te va a ir todo mejor. Nadie ni nada te lo va a poner todo fácil porque seas tú y no otro. Ni por ser cristiano, judío o budista tu Dios te va a elegir porque le salga de las narices y va a decir: Pues tú vas a ser el mejor y tu vida va a ser la rehostia. ¡Por favor, no! Que aquí somos todos igual de idiotas, ingenuos, raros y atontaos, y no por medir 1,90 o por tener una musculatura perfecta o medidas de 90-60-90 vas a ser el puto amo aquí. Una rama alta o una comida no medida y te vas al suelo o no luces más tableta o no entras en tus pantalones al vacío. ¡Pero tranquilo! Habrás hecho feliz a mucha gente demostrando que no hay nada ni nadie perfecto.

Porque realmente, los bajitos a veces ADORAMOS ser bajitos. Porque nos encanta ser bajitos para ponernos de puntillas para dar un beso, o para que se agachen para dárnoslos. Porque los bajitos no podemos parar de reírnos cuando vemos una prenda demasiado larga y la comparamos con las cortinas de casa. Porque a los bajitos nos encanta pasar de pie y muy rectos por debajo de un árbol cuyas ramas están inclinadas y que apenas nos rozan la cabeza, mientras el resto del mundo tiene que agacharse o pasar por otro sitio. Porque en el fondo los bajitos parecemos más adorables porque recordamos a peluches. ¿O no?

Y las que no tenemos 90-60-90 o no tenemos abdominales también nos queremos mucho. Porque nos podemos dar atracones a dulces o comida rica y luego decir "pché, un kilo más, uno menos...". Porque mientras vemos que unos se matan por seguir igual de perfectos, nosotros nos reímos a escondidas pensando que al final vamos a acabar todos siendo las mismas pasas arrugadas. Porque nuestro ego no es directamente proporcional al número de personas que mueren por nosotros. Porque, aunque sea topicazo, nos gusta que nos digan que "gustamos por la personalidad más que por el físico", porque ESO es lo que nos gusta. ¡Porque preferimos tener ejercitada la mente y no matarnos por ser Apolo o Afrodita, qué cojones! Que eso es muy cansao.

No, la vida no es bonita.

La vida es simplemente vida, y como tal, es maravillosa.

lunes, 1 de marzo de 2010

Normalidad relativa

Wiiiiii, ¡volví! Y vengo con el arsenal hasta arriba de munición (?). La razón de mi rápida vuelta al blog fue la ilusión que todavía me hace el pensar que es nuevo (ay, recién nacido mi nene...), pero también tiene que ver un poquito el haberle enseñado "Mestizo" a ciertas personas y que les haya gustado (¡fiesta!). Aprobar Matemáticas después de pasarte toda la ESO suspendiendo esa asignatura también infunde ánimos. Pero bueno, mejor como que me callo y os dejo una viñetita de la historia de Mestizo, en la que si me inspiro, pongo más datos de mi angelito... Cómo le quiero :D Let's go!



Caminaba con tranquilidad por la calle. O, al menos, con la tranquilidad relativa que había experimentado los últimos meses, aprendiendo a ignorar las miradas nada disimuladas de la gente, a que susurrasen señalándole con el dedo, sin tomarse la molestia de asegurarse de que él no les oía o no les veía. Pero se había hecho a la idea de que siempre iba a ser así, al menos hasta que se acostumbrase, y decidía no darle mucha importancia. Por aquel entonces, lo único que quería era llegar al colegio; cuanto antes entrase, antes saldría. Y con ese pensamiento positivo, se acomodó la mochila al hombro y siguió andando, hasta que notó cómo un par de manos le tapaban los ojos.

- ¡Cú-cuuu! ¿Quién soy?

-Chris, suéltame, o llegaremos tarde.

-Oh, ¿por qué ese humor matutino, principito de mi corazón?-de pronto, las manos se apartaron de sus ojos y una chica de pelo castaño y ojos marrones apareció de la nada, hablándole burlona.

-Primero, no soy el principito de tu corazón. Segundo, es mi humor.

-Sí, claro, y a mí se me da impresionantemente bien hacer equilibrios con sandías.

-¿Te has despertado irónica esta mañana, verdad?

-No, es mi humor.

Él clavó sus ojos en los de la muchacha con cierta rabia, y ella le miró con la misma fuerza. Al final, él suspiró y agachó la cabeza.

-No he podido dormir, he vuelto a pasarme la noche pensando.

-Maldita sea, Mike, ¿otra vez? No puedes pasarte todas las noches en vela, te estás obsesionando con el tema...

-Oh, sí, perdona, tienes razón, no es para tanto tener esto colgando de mi espalda-y remarcó el "esto" extendiendo las alas todo lo que pudo, haciendo que Chris volviese a admirarlas, sorprendida, pero la chica se recompuso al instante.

-¿Acaso no te gustan? Porque que yo sepa, aún no tienes un argumento válido para odiarlas-Mike la fulminó con la mirada, pero Chris no se amilanó. Le sostuvo la mirada hasta que Mike volvió a mirar al frente, hastiado.

-Sabes perfectamente que mi vida ya no es...normal.

-Sabes perfectamente que blablabla...-le imitó Chris con voz chillona, ignorando deliberadamente la mirada asesina de su amigo-. ¡Por Dios, acéptalo ya, tienes alas, vale, ¿y qué?! ¡Tu vida ahora es mucho mejor! Venga, ahora dime que no te gusta cuando sales a volar un rato, o cuando te pones a hacer el subnormal ahí arriba y me das sustos de muerte, o cuando te asomas a mi ventana sin avisar y me tiras de la silla, o cuando...

-¡Basta!-exclamó él, molesto-. Sí, me gusta, lo admito, pero ¿no lo ves? Ya no puedo hacer una vida normal como antes. Ahora la gente me señala por la calle y habla de mi a mis espaldas, soy el maldito centro de atención cuando salgo, y soy la comidilla de todo el mundo, maldita sea. ¡Parezco un... un... un tórtolo!

Entonces, Chris se paró en medio de la calle, y después de analizar unos segundos aquella frase, empezó a reírse a carcajadas, sin parar.

-Para, no tiene gracia.

Pero Chris no le escuchaba, seguía riéndose en medio de la calle, y parecía estar a punto de tirarse al suelo de la risa.

-Chris, en serio, no me hace gracia. Vamos a llegar tarde.

A cada palabra que decía, la chica aumentaba aún más la potencia de sus carcajadas, llamando la atención de los peatones.

-¡¡Chris!!

Entonces, la chica le hizo caso y dejó de reírse, pero no borró la sonrisa del rostro cuando le habló.

-Mike, no eres un... pff... un tórtolo... eres un medio ángel-le dijo con suavidad, y con una sonrisa amable-. Deberías estar orgulloso de tener sangre angélica en las venas.

-Sí, pero... no dejo de ser mestizo-replicó Mike con tristeza-. No soy humano, ni tampoco ángel. Soy... soy una aberración.

-No seas idiota-le regañó ella, seria-. Míralo de este modo: eres humano, y eres ángel. Eres las dos cosas, y por eso eres especial-añadió con suavidad.

Mike siguió andando pensativo durante unos instantes, y al final sonrió de nuevo.

-Siempre sabes qué decir para llevarme la contraria-dijo más animado.

-Lo sé-contestó Chris, con falso orgullo.

-Gracias-y con eso, le dio un beso en la mejilla a la chica-. Vamos, que llegamos tarde.

Y mientras Mike echaba a correr con las alas extendidas de la emoción, Chris se quedó atrás, quieta, con una mano sobre la mejilla donde él la había besado. Y sonrió. Porque, para ella, Mike era especial... más de lo que pensaba.


Sí, bueno, romántico, pero las musas estaban traviesas hoy. Otro día más de la vida de nuestro angelito mestizo preferido :D (o al menos, el mío).