lunes, 19 de mayo de 2014

Fix us.

Si te llegan a preguntar hace diez años si alguna vez asistirías a una reunión de antiguos alumnos del instituto, te hubieras echado a reír solamente de pensarlo. Por eso nunca has ido a ninguna reunión de antiguos alumnos que algún demente iluso quisiera tratar de organizar.

Ese es básicamente tu único argumento mientras conduces hacia el punto de encuentro donde habéis quedado todos. No, no son tus ex compañeros de clase, son tus ex compañeros de juerga. Todo mucho más distinto, dónde va a parar.

Te preguntas si Alicia seguirá teniendo esos piercings en la cara. o si Pablo seguirá bebiendo hasta la semiinconsciencia. Si Raúl consiguió dejar de ser la broma recurrente y echarse novia. Si Ángela dejó de decir que le atraían un poco las chicas cuando estaba que no se tenía en pie y lo empezó a admitir sobria. Si Víctor cedió al final ante sus padres y se hizo abogado.

Poco a poco te das cuenta de lo jodidos que estabais todos hace diez años. Lo que tienes muy claro desde el principio es que hay preguntas que ni siquiera te atreves a formularte. También supones que está claro que no os volveréis a ver, mucho menos hoy.

Te quedan unos quince minutos de camino porque, aparentemente, eres la que vive más lejos y la reunión se va a celebrar en un punto que les pilla cerca a los demás. Nadie confiaba en que asistieras, obviamente.

Tú tampoco lo creías. Llevas casi diez años mostrándoles recelo, demasiado ocupada lamiendo tus heridas y lamentando tu pérdida como para ser sociable con la gente que te evoca tus peores pesadillas. Acudir hoy es un paso más en tu proceso lleno de súplicas a un dios que no te escucha para recuperar tu paz interior u ocho horas de sueño cada noche, lo que venga mejor. Estuviste desconsolada un tiempo, por decirlo de alguna forma, pero ahora estás más que nada indolente.

Quince minutos son diez contando con la falta de tráfico y tu GPS y gracias a Dios, encuentras aparcamiento nada más llegar al margen del parque en el que os reuníais. Y no te ha dado tiempo a darte una palmadita orgullosa en la espalda mientras te quitas el cinturón de seguridad antes de lanzar una mirada al parque y encontrártelo junto a unos arbustos observándote a través del parabrisas.

Tu cuerpo se congela, la cinta negra suelta un chasquido al resbalar de entre tus dedos y chocar contra tu asiento, tú das un ligero bote por el sonido que rompe abruptamente la tensión del momento y él no se ha inmutado lo más mínimo.

Si alguien te preguntara alguna vez si has visto un fantasma a lo largo de tu vida, ahora mismo no sabrías qué contestar.

Por tu mente pasa una imagen de ti misma en un pequeño descampado, toda vestida de negro y aferrándote a un paraguas abierto para protegerte de la lluvia que amenazaba con caer, observando una pequeña pila de cartas y fotos y algún peluche y CD arder, con una botella de líquido inflamable y una caja de cerillas a tus pies. Fue demasiado solemne para ti como para contárselo nunca a nadie.

Decidiste no contárselo a nadie cuando arrugaste la única foto que no pudiste quemar entre tus dedos.

La enterraste a pocos pasos de la pequeña hoguera, como si fuera un acto simbólico en el que decidías enterrar todo lo sabido y por saber sobre él. Le querías bajo tierra, y ahí querías que se quedase.

En realidad solo querías hacerte ver a ti misma que no te importaba si era él el que te enterraba a ti y seguía con su vida.

Eres consciente de que seguís observándoos el uno al otro a través del cristal del coche. Eres consciente de que no te has movido, ni siquiera has respirado, desde que le has visto. Eres consciente de que debes respirar y salir del coche. No quieres abrir la puerta y salir del coche. Él es un demonio al que no quieres enfrentarte porque mil voces resuenan en tu cabeza diciéndote que no se lo merece.

De todas formas, sales del coche y caminas hacia donde él y todo el resto de gente que no sabes cómo no viste antes están hablando y saludándose animadamente.

Mientras caminas, él sigue observándote, quieto, y tú notas cómo a cada segundo tu estómago se empieza a llenar de emociones confusas, de ganas de abrazarle y de ganas de mandarle definitivamente al infierno.

Por un momento sientes rabia por todo el trabajo mental que has hecho intentando enterrar todo lo que estás sintiendo ahora mismo y por cómo en menos de dos minutos su presencia ha provocado una avalancha que lo ha desenterrado todo y se cierne amenazante sobre ti.



.


Sé que no me escucharías ahora mismo ni aunque te encadenara a un árbol y te sentase para ello. 

Sé que cometí un gran error dejándote atrás sin darme cuenta y darme cuenta cuando ya te había perdido de vista. Sé que cualquier cosa que haya ganado y pueda ofrecerte no vale nada ante tus ojos. Sé que puedo prometerte todo lo que quieras y que no te atraerá en absoluto. Sé que me dirás que por mucho éxito que haya conseguido no valdrá de nada en este aspecto. 

No sabes cuánto siento que las cosas hayan sido así, que nos enamoráramos así al principio y que todo acabara siendo un gran daño colateral. Siento haber tirado la primera ficha del dominó en mi entusiasmo, destruyendo todo lo que habíamos construido hasta entonces. 

Me arrepiento de que te hayas enterado de que te he buscado en mil botellas distintas, si lo has hecho. Me arrepiento de no haber buscado tu ayuda mientras intentaba ahogarme y huir de las pirañas que me rodeaban al mismo tiempo. 

No espero que me echases de menos, pero espero que al verme, lo hagas cuando me vaya. Espero que cuando hable contigo me recuerdes y que, si lo haces, no tardes en volver a aceptarme. 

Y si no, espero que me digas que estoy muerto para ti y que no me dejes en el limbo. 

No hay comentarios:

Publicar un comentario