sábado, 24 de septiembre de 2011
Serpientes.
Admito que a veces lo pierdo a propósito, porque hay veces que las cosas me rebasan y sólo quiero dejarme llevar y que otros me digan que todo está bien y que se hagan cargo ellos, pero la mayoría de las veces no. Quiero hacerme cargo de mí misma, quiero ser independiente, quiero hacer las cosas bien sin tener los ojos de alguien clavados en la nuca constantemente. Quiero poder controlar al mínimo detalle todo lo que tenga relación conmigo, es casi obsesivo.
Por eso, es ver que algo escapa a mi comprensión o a mi vigilancia, y saltar todas las alarmas. Y ponerme histérica. Y montar en cólera. Y ponerme paranoica. Y muy, muy mal.
martes, 6 de septiembre de 2011
Un monstruo. El mío. Yo.
_________________________________________________________________________________
Estoy en una habitación de un hospital abandonado. Me levanto, no sé dónde estoy, ¿cómo demonios he acabado aquí? Me duele la cabeza. ¿Qué...?
¡BRRRRRRROOOOOOOOOOOOOM!
-¿¡QUÉ HA SIDO ESO!? ¡¿QUÉ COÑO HA SIDO ESO?! ¡DIOS, CORRE, POR TU VIDA, CORRE! ¡CORRE, CLAUDIA, CORRE!
-¿Quién ha hablado? ¿Qué dem...? ¡¿?! ¡Joder, seas quien seas, suéltame el brazo o te lo llevarás a él solo! ¡Duele! ¡Ah! ¡Aaaaaaaaah! ¡Suéltame!
-¡¡QUE CORRAS!!
¡SBAAAAAAAAAAAAAAAAAM! ¡BROOOOOOM! ¡PFSHHHHHHHHHHHHHH!
Creo que mejor corro. Dios, cómo corre ese... esa... aquel... ella... ese ser. Cómo corre ese ser. Uf, lo que me está costando alcanzarle, ¿por qué corremos? ¿Qué son esos golpes y explosiones? ¿Eh? ¿¡DÓNDE SE HA METIDO!?
-¡¡Ven aquí!!
-¿¡DÓNDE ES AQUÍ!?-si fuera en otro momento me reiría, pero creo que más que nada tengo miedo, ganas de llorar y adrenalina en el cuerpo.
Un brazo me lanza dentro de una salita de espera. Está destrozada. Las paredes están desconchadas y la pintura se cae a trozos, el suelo está lleno de escombros y la única ventana que hay está rota, dando a un cielo gris pálido y a un bosque tupido, de un verde demasiado oscuro. Tengo que apoyar mis brazos en la pared de la ventana, porque me iba a estrellar contra ella por el impulso. Tanto mi compañer@ de carrera como yo estamos exhaustos, respiramos con violencia y tenemos la piel de gallina.
Me giro hacia él/ella. Y no podía haberme sorprendido más. No es nadie, y son todos. Es una persona, y al segundo otra, y otra, y otra más. Una especie de ser que se transforma sin parar en gente que conozco. Es mi padre. Es mi profesor. Es esa chica del instituto. Es mi abuela. Es mi exnovio. Es mi amiga. Es un ex compañero. Es todos, y ninguno ya. Se ha dado cuenta de que le estoy mirando raro. Obvio, mi cara de flipe es evidente.
-Tu alma. Encantada- me han dicho mi peor enemiga y la ex directora de mi antiguo colegio. Nada, lo normal.
-...Yo. Igualmente.-¿Qué le vas a decir a tu alma? ¿"Hola, soy el cartero"?- ¿Dónde estamos...exactamente?
-En ti-creo que mi cara de susto/impresión/meestásvacilando le ayudó a entender que no había comprendido-. Este hospital eres tú. Esta habitación-dijo el novio de mi mejor amiga-es tus sentimientos.
-Ah... ya.
Mi prima mayor me miró alzando una ceja y el padrino de mi hermana le dio un puñetazo a una pared. Todo el edificio se estremeció, y se oyó cómo se rompían cientos de cristales. Un amigo de mi padre me miró con las cejas alzadas, como preguntándome si necesitaba más pruebas.
-Tus sentimientos están en ti. Son una parte de ti, pequeña, pero importante. Ahora están destrozados. Y cualquier golpe en ellos, reverbera en ti con más fuerza-me explicaron el hermano de un amigo y la prima de una amiga.
-¿Y se puede saber qué hacemos aquí? Porque no me interesa que me demuestren que estoy hecha una mierda, muchas gracias. Lo estoy intentando arreglar.
Mi vecino de seis años soltó una carcajada irónica. Maldito crío.
-No lo estás intentando arreglar. No debes intentar arreglarlo. Éstos no son todos tus sentimientos, son unos en particular. Ésos que quieres evitar. Pero aquí siguen. ¿No deberías destruirlos?-maldita compañera de trabajo de mi madre. Miro a mi profesor de Educación Física completamente perdida. Mi compañera de intercambio me señala una pared con seriedad. Entiendo el mensaje.
Me acerco lentamente a aquella pared, tanto que la rozo con la nariz. Me he pegado a ella. No me gusta esa pared. Me hace recordar cosas malas. Me da escalofríos. Te quiero mucho mucho mucho. Siempre escucho música con el móvil. Eres lo peor que me he echado a la cara. Lo he escuchado perfectamente. La pared lo ha dicho. Con mi voz. La pared lo ha dicho con mi voz. Y las imágenes han venido a mi cabeza como una catarata. Y ya no hay dudas.
Me alejo de la pared mortalmente seria, miro de reojo a mi madre y cargo contra la pared con todas mis fuerzas con un placaje nada delicado.
¡SSBRRROOOOOOOOOOOOOOMM!
Patada. Patada. Puntapié. Pisotón. Rodillazo. Codazo. Puñetazo. Puñetazo. Puñetazo. Manotazo. Manotazo. Sólo oigo un estruendo ensordecedor y una canción que suena a un volumen que me hace daño en los oídos. Y sigo oyendo las voces. No quiero oírlas. Patada. Puñetazo. Puñetazo. Puñetazo. Cabezazo.
Lo sorprendente es que no me duelen los golpes. Que no me hace daño hartarme a patear esa pared. Que no me duele la cabeza al clavarla en la pared con todas mis fuerzas. Que mi cuello no se resiente. Que sigo entera y sin una magulladura. Me giro a ver a la hermana de mi amiga, que observa con suspicacia la puerta de la habitación. Se puede ver una nube de polvo en el pasillo y una luz rojiza que juraría que eran llamas. Entonces todo se calla, y mi tío se gira para mirarme con el ceño fruncido y me dice:
-Sigue.
Prefiero obedecer. Las voces han vuelto. Que si, pesado. Mañana en la parada de metro. No me lo puedo creer. ¿Dónde vamos? Sí, deberías esperar para vender la moto. No, no, que te dejo. Deberías comer algo.
He perdido la cordura. Duele. Joder, duele demasiado. No puedo. No puedo... Empiezo a apalizar la pared como si no hubiera mañana. Ya me he cargado completamente la capa de pintura y la de yeso. Ahora es cemento. Lo más duro.
-Estás rota de dolor. Lo sé. Has enloquecido de indignación, de odio, de orgullo, de dolor, de desesperación. Grita. ¡Grita!
Grito con todas mis fuerzas mientras vuelvo a dar un derechazo a la pared con todo el impulso que puedo coger. Sin comerlo ni beberlo, acabo de atravesar una pared de cemento. De un puñetazo. Se ha quedado el contorno de mi brazo y puedo ver otra habitación desde el agujero. Está impoluta, a pesar de los escombros que acabo de tirar dentro.
Miro a mi hermana completamente confundida. Yo me devuelvo la sonrisa, mientras yo sigo hecha un lío y me asusto cada vez más.
-Es un buen comienzo.
domingo, 28 de agosto de 2011
Planes de pasado y problemas del futuro.
sábado, 6 de agosto de 2011
Ta dah!
domingo, 10 de abril de 2011
De sueños y sensaciones.
martes, 21 de diciembre de 2010
Volar es para mí...
Hace tiempo que volar es uno de mis deseos escondidos. Antes creía que volar era tener un par de alitas en la espalda y hacer piruetas y quiebros bonitos en el aire, completamente feliz con una vida perfecta y todo maravilloso. Pero volar es otra cosa.
Un experto diría que volar es “ir o moverse por el aire, sosteniéndose con las alas”. Un piloto de aviones te dirá que volar es trabajar. Un turista, que es viajar. Para un ave, volar sería desplazarse sin más. Un humano te diría que volar sin tecnología es imposible. Yo te digo que volar es todo eso, y a la vez ninguna de esas cosas.
Volar es esa sensación de viento en la cara que te refresca. Volar es ser independiente por un rato. Volar es no tener nada a lo que atenerte, y seguir hacia adelante. Volar es que se te enrede el pelo, que el viento haga con tu pelo lo que quiera, que te lo descoloque, mirarte al espejo y verte perfecta igual. Volar es escapar de todo y soltar un suspiro de alivio. Volar es… volar.
Vuelas cuando te evades del mundo en tu mente, cuando te dejas el vértigo guardado en un cajón y sacas la valentía que raya la temeridad, cuando te enfrentas a algo solo, sin apoyarte en nada, cuando eres libre. Vuelas cuando estás solo, cuando ves todo desde arriba, cuando tienes otra perspectiva. Vuelas cuando, pase lo que pase, sonríes, respiras el aire de esa brisita que llega y dices: ¡Vamos, adelante, sin parar!
Volar es pensar por un momento que nada te da miedo, que eres imparable, que puedes solo, que te mueven las corrientes de aire, que el viento está contigo y tú con él, que respirar se convierte en algo maravilloso y observarlo todo desde otra perspectiva lo vuelve todo interesante y comprensible. Volar es sentir las piernas colgando y sonreír porque no te vas a caer.
Volar es vivir. Volar es mi manera de vivir.
domingo, 12 de diciembre de 2010
Chiquitita
¿Pero qué te pasa, chiquitita? Sabes que a mí no puedes esconderme nada, vamos, ¡dímelo! Perdona, chiquitita, ya me calmo, pero sabes que no soporto verte así, chiquitita. Cuéntamelo todo, tengo todo el tiempo del mundo para ti, chiquitita. Ven, siéntate conmigo aquí, estarás más cómoda que ahí de pie.
Por favor, chiquitita, deja de llorar, me estás matando. Anda, ven, que te quito esas lágrimas... Espero que no te importe que lo haga con las manos, no tengo pañuelos... Acércate, dame un abrazo, anda... Llora, mejor llora, desahógate, chiquitita... ¿Por qué estás así, chiquitita? No será por mi culpa, ¿verdad? ¡Que me muero, chiquitita! Vale, vale, perdona, era para cerciorarme...
Tú no te preocupes, chiquitita, no me voy a ir, no estás sola, no lo estarás nunca, chiquitita, no mientras yo viva. Tú tranquila. ¿Ya? ¿Ya no lloras? Así me gusta, chiquitita. Ahora, ¿qué pasó? ¿Lo de siempre otra vez? Jo, chiquitita, yo no te entiendo... bueno, sí, demasiado. Pero mira, chiquitita, sopla el viento. Y el viento, chiquitita, al final arrastra a las nubes.