lunes, 24 de marzo de 2014

Wings (De mí para ti).

Para Ti:

Perdona que te mande esta carta sin avisar y sin ninguna razón en especial. Es producto de una idea de un momento que surgió en mi mente hace unos pocos minutos, y a mi edad ya es mejor hacer todo lo que te diga tu cabeza antes de empezar a perderla.

Hoy es día de visitas en la residencia, y mi nieta, la de diecinueve, ha venido sola a verme. Diecinueve años tiene ya la muchacha, está hecha toda una señorita. Da gloria verla. Bueno, lo que quería decir es que mi nieta hoy ha venido a verme sola, sin traer a nadie más, y te lo digo porque es un detalle importante, porque nunca vienen mis nietos solos a verme. Pero hoy ha venido sola y tenías que ver lo triste que parecía. Mis sospechas de que algo iba mal se confirmaron cuando me preguntó si yo había tenido que dejar ir algún amor alguna vez. Ay, el amor joven, qué complicado es y qué poco lo apreciamos en su momento.

De todas formas, la idea de escribirte me la dio precisamente esa pregunta, como habrás supuesto. Siempre has sido muy perspicaz. Pero bueno, te estaba contando lo de mi nieta. Le respondí contándole todo lo que pude recordar sobre Ti.

La pregunta me hizo recordar todas las mañanas en las que nos despertábamos en la casa de campo de tus padres, con la luz entrando entre las cortinas amarillentas tiñendo la habitación de dorado, haciendo que lo primero que viésemos al despertarnos fuera piel ajena con un brillo precioso por la luz. No sé si tú te acuerdas, pero yo recuerdo perfectamente cuántos besos te di en los hombros esperando a que te despertaras porque ese brillo hacía que parecieses perfecta.

Recuerdo mañanas enteras pasadas en la cama, mirando al techo, riendo más que hablando y perdiendo un tiempo que no sabíamos que echaríamos de menos en algún momento. Aún así no cambiaría nada de eso ahora, porque eran mis mañanas favoritas. Siempre estaban entre mis noches favoritas y mis días preferidos.

¿Te acuerdas de las noches en el campo? Siempre intentábamos contar las estrellas que se podían ver y nunca lo conseguíamos porque nos distraíamos o porque perdíamos la cuenta, había tantas... y recuerdo que cuando nos aburríamos o nos cansábamos encendíamos la radio de la camioneta de tu padre y bailábamos como si supiéramos lo que hacíamos. La parte que más me gustaba era verte bailar sobre el capó, porque tu silueta se recortaba en el manto de estrellas desde donde yo te veía. La Luna hacía que estuvieras tan guapa... En la ciudad no hay tantas estrellas, pero eso no quita que no piense en Ti cada vez que salen.

Sin embargo, el hecho de que no haya tantas estrellas me parece extrañamente adecuado a la situación. Sin Ti no hay tantas estrellas. Es como si el cielo se apagara porque nos faltas a ambos. Y claro, sin estrellas, yo no me sé guiar bien, y no sé dónde andas, y no puedo ir a donde estés para siempre, y es todo un círculo vicioso horrible.

También puede ser que sea porque estoy en la ciudad y no en la casa de campo de tus padres que haya menos estrellas. Ni siquiera estoy en nuestra ciudad, si no que me tuve que ir más lejos. Y ahora, a mi edad, ni mi cuerpo ni mis hijos me dejan hacer mucho ya. Aunque me encantaría volver, por supuesto, eso no lo dudes. Pero a veces olvido cosas, o me cuesta hacer cosas muy normales y todo eso que pasa cuando te dicen que te haces mayor y te meten en una casa de viejos. Aún así, tampoco es como si en mi juventud no se me escapasen las palabras cuando intentaba hablar de Ti, así que tampoco es para tanto, digo yo.

Me temo que me estoy empezando a apagar poco a poco, y quería saber si podía dejar mi conciencia tranquila antes de perderme del todo. Si no puedo pasar este tiempo que me queda contigo, preferiría al menos dejarlo por escrito, por si acaso, para que quede claro, por si marca alguna diferencia.

Oh, cómo me acuerdo del último día que nos vimos. Habíamos cambiado tanto... yo me tenía que ir, tú también, íbamos a viajar, pero no de la mano, sino en direcciones diferentes. Teníamos vidas que vivir por separado, y eso llevaba meses preparándonos para la despedida. Yo seguía a mis padres a otro país y tú te ibas por tu cuenta, a vivir y a conocer mundo, a ser feliz... estabas tan enfadada conmigo por no dejarte llevarme contigo... tu frialdad y desprecio por mis decisiones me dolía a mí y mi debilidad y conformismo te dolía a Ti, y eso pareció construir un muro de treinta metros separándonos. Ya no podíamos ni mirarnos a la cara sin que doliera. Que si me acuerdo, digo...

Recuerdo nuestra última noche como un desastre, pero con cariño. Nunca me habían mirado como me mirabas tú y nunca había mirado a nadie como te miré a Ti. Los silencios de esa noche son los peores que he vivido, y todavía me estremezco cuando pienso en ello y en la agresividad con la que nos tratamos aquella noche.

Me dijiste que nunca lo olvidaría, porque me atormentaría, y qué razón tenías, maldita. Qué razón tenías. ¿Lo recuerdas tú?

Le he contado a mi nieta todo lo que te he dicho y más, todo lo que recuerdo sobre Ti. Le he contado cómo supe de Ti años después de decirte adiós, cómo me enteré de que nunca te casaste y que triunfaste como directora de cine. Le he contado cómo seguí tu carrera lo mejor que pude mientras me casaba y tenía hijos, teniendo cuidado de que nadie supiera nada de Ti. Le he contado que todavía tengo las grullas de papel que tú me hiciste. Le he contado que la única vez que las saqué de la cajita en la que me las diste después de todos estos años fue el día en el que me enteré de tu accidente. Le he contado que quiero que me entierren con esa cajita.

Le he contado más cosas sobre Ti de las que le he contado a nadie, a Ti incluida. Espero que me perdones el chismorreo, supongo que lo de contar batallitas viene con la edad.

Pero te gustará saber que cuando conseguí que la niña dejara de llorar, le expliqué que el hecho de que haya una persona que te marque más que ninguna otra y que esa persona se vaya, no significa que nunca volverás a ser feliz. Yo me casé muy feliz, y tuve hijos muy feliz, y tuve nietos muy feliz, y viví muy feliz. Me costó horrores superar lo nuestro, y aún no sé si lo hice, pero eso no significa que mi familia no me haga feliz ni que me arrepienta de muchas cosas que he hecho en mi vida. Un poquito más feliz sí que habría podido ser, pero he vivido con la suficiente felicidad para Mí. Creo que la chiquilla me entendió cuando se lo dije, porque dejó de llorar y me abrazó por mucho rato. De todas formas, aún tiene diecinueve, y estos niños de hoy en día... no son como tú y como yo. Ya aprenderán solos.

Pero bueno, querida, ya tengo que dejar de escribirte, porque se ha hecho tarde y tengo que bajar a la sala común, porque esta noche echan mi programa favorito y no voy a permitir que los demás viejos me impidan ver la tele.

No te olvido aunque ya no estés.

Te mando todos los besos que no te pude dar, como todas las noches.

Hasta pronto,

Mí.

miércoles, 8 de enero de 2014

Gold statues don't talk.

"...Di algo... lo que sea...".

Nada. Silencio. Es todo lo que consigues obtener del hombre delgado, trajeado y con un vaso de whiskey dorado en la mano. Estás acostumbrada al frío en su ausencia y en su presencia, pero parece que te han atrapado en un iceberg mientras esperas de pie en medio del salón algún tipo de reacción. Un grito, un gesto de confusión, una lágrima, un ceño fruncido.

Lo que sea.

Algo que te indique que te ha oído cuando le has pedido el divorcio.

"Yo... no puedo. No puedo estar sola y tenerte en mente y tenerte cerca y seguir estando sola. Sabes que yo te quería, lo sabes, quería estar contigo siempre, acompañarte en todo y a todas partes... pero no me has dejado... no me diste la oportunidad de seguirte".

Un trago. Dos. De whiskey. De saliva. Para no ser consciente. Para aflojar el nudo en la garganta.

"Me rindo. ¿No dices nada?".

Podrías estar quemando un agujero en su nuca con tus ojos, pero él no se gira. No cambia de postura. Clavado delante de la chimenea, mano izquierda en el bolsillo de los pantalones negros rectos y bien planchados, mano derecha sujetando un vaso cilíndrico bajo con whiskey y tres cubos de hielo. La chimenea ni siquiera está encendida.

El frío no cambia.

Que simplemente te ignore una vez más te hace sentir diminuta, frágil, tonta, ingenua. No quieres acercarte a él porque sabes que tus músculos están rígidos por el frío y seguramente tropieces y caigas, rompiendo aún más tu dignidad.

Después de que tu amor por él se estrellase contra la certeza de que nunca podrías conformarte con camas vacías y joyas caras, decidiste hacer esto, por amor propio. Aún te queda mucho por delante, para volver a reconstruirte tú misma, pero este es el primer paso. Estás convencida.

"...Siento no haber podido ser lo suficiente como para que te abrieras a mí".

Estás al borde de las lágrimas, y se nota en tu voz. Te preguntas si él se ha dado cuenta, si le importa.

Silencio. Frío. Nada se mueve en el salón, aparte de tu cuerpo, que tiembla.

"Yo...".

Te detienes, sin saber qué decir. No tienes nada más que decir. Tú no. Así que tu segundo paso hacia volver a sentir calor dentro de ti es dejar de intentarlo, tragar tu orgullo y dejar de intentar sonsacarle reacciones.

No. No puedes. Todavía no.

"Yo te quiero. Te he querido. Me he casado contigo, y te estoy diciendo que me voy. ¿¡Es que no tienes nada que decir?!".

La rabia y la frustración hacen que tu sangre se convierta en lava en una milésima de segundo y cubres la distancia entre los dos en tres zancadas. Con la mano derecha le arrancas el vaso de la mano y lo lanzas hacia la chimenea, donde estalla. En el mismo momento en el que el sonido de cristales rotos rompe el silencio, tu mano izquierda agarra su mentón con agresividad para obligarle a mirarte a los ojos.

No sientes ningún tipo de alivio cuando ves la más mínima expresión de dolor y culpa en ellos.

"¿¡No piensas decir nada mientras te abandono!? ¡Di algo, joder!".

Nada. Solo tu respiración agitada.

Tu mano izquierda vuelve a tu lado, inerte, pero él sigue mirándote a los ojos sin decir nada.

"N-No sé lo que hice para que me alejaras de ti, no sé siquiera si hice algo para que te alejaras de mí, pero lo siento. Siento tanto el... el haber fracasado en intentar ocupar un sitio importante en tu vida...".

Tu garganta duele como si él te estuviera estrangulando con las dos manos. Pero sus mano izquierda está aún en su bolsillo y su mano derecha está tensa, en un puño, con los nudillos blancos. Emoción. Ahora. Nunca antes.

Ahora. Justo al final.

"Te habría seguido al fin del mundo si tan solo me hubieras dicho cuándo y hacia dónde querías ir".

"Por favor... di algo...".

Esperas. Esperas. Esperas.

Esperas.

...

Nada.

Y ahora sí. Ahora sí, tragas saliva una vez más, y el dolor de tu garganta casi te asfixia. Pero te mueves. Te vas del salón. Vas a tu habitación. Coges la maleta que ya has preparado con tus cosas más importantes. Vas hacia la entrada. Lanzas una última mirada al salón. Nada se ha movido en los últimos cinco minutos. Él tampoco.

Abres la puerta.

Silencio. Frío. Nada. Sales.

Cierras la puerta.

lunes, 6 de enero de 2014

All night, all the nights.

La entrevista iba a ser en el mismo set de rodaje, todo bastante simple: dos sillas, un foco y un póster de la película colocado detrás de su asiento, como publicidad no hecha a propósito. Le avisaron de que el reportero había llegado al set en uno de sus descansos, tal y como habían planeado. Antes de ir a recibir al periodista, cogió una botella de agua de una de las mesas de catering y respiró hondo antes de sonreír de lado con expresión practicada. "Vamos allá".

.


-Dime, David, ¿alguna vez soñaste en llegar a estar donde estás ahora?- Casi te sorprende por dónde ha tirado la entrevista después de las típicas primeras preguntas de presentación. Casi. Pero tú te reclinas en tu silla, apoyas el tobillo derecho sobre la rodilla izquierda y sonríes como lo haces para todas las cámaras.
-¡Por supuesto! Los jóvenes que estudiábamos para llegar a ser actores nos pasábamos media vida pensando en el futuro. Planeábamos carreras enteras, ensayábamos discursos de aceptación de premios, fantaseábamos con conocer a los profesionales que habían estado en escena antes que nosotros... Soñar era la mitad del trabajo, casi.
-¿Y te imaginabas con el nivel de vida que has conseguido tener?
-Obviamente.  - La confianza en ti mismo es algo que los (y más las) fans parecen apreciar muchísimo. Y las sonrisas de lado también, así que les das ambas-. Siempre pensaba en qué me gastaría mi primer gran sueldo. Pagar la hipoteca de mis padres, comprarme una casa en un barrio del centro de la ciudad y amueblarla y decorarla a mi gusto, después un coche... luego la vida da muchas vueltas y cumples pocas de las compras que te imaginabas, pero cuando estudias Arte Dramático das por sentado que acabarás en la alfombra roja con un traje de primerísima marca mientras los fans aclaman tu nombre y los flashes buscan tu perfil. -Tú ya eres un experto, y tanto él como tú sabéis que hablas desde la experiencia.
-O sea, que tú tenías clarísimo a dónde querías llegar, ¿no? - Siempre te ha dado la impresión de que cuando un periodista pregunta algo sonriendo, es que te está desafiando a contestar algo interesante. Y a ti te encanta un reto.
-Desde siempre. Siempre he soñado con la típica mejor vida de actor. Y ahora, aquí estoy.

.

No sé exactamente en qué clase de fiesta estoy ni quién la está celebrando, pero ahí está esa cantante que todo el mundo parece adorar ahora de un día para otro, así que debe de ser importante. Le queda bien el rojo. El vestido es bonito. Y corto. Corto, corto. Bueno, y parece que su cara es larga, larga, porque normalmente la gente en las fiestas no tiene cara de estar haciendo un favor desagradable a todo el mundo por atender. Bueno, una conversación menos. ¿Debería tomarme una última copa antes de irme? Hmm... nnnno. Demasiada gente en esa barra... rodeando a ese tío... que me suena de... algo. ¡De eso! ¡De las revistas! Próxima promesa de la dirección cinematográfica y blablablablá, me voy a casa, que tengo series que ver y gatos que alimentar. 

.
.
.

El reportero llegó más temprano de lo previsto, en plena prueba de sonido para el concierto. Mientras ella cantaba la última canción de la lista programada para aquella tarde/noche, los de luz y sonido revisaban el espectáculo por enésima vez y los bailarines comprobaban la última coreografía, que realizaron sin fallos. Todo apuntaba a un concierto redondo, y eso le hacía estar más y menos nerviosa a la vez. No, nerviosa no, ansiosa. Expectante. Pero antes tenía que hacer la entrevista que iría acompañada de una crítica de su concierto, por lo que después de cantar, tocaba poner una sonrisa de oreja a oreja y después, cantar otra vez. El entrevistador estaba llegando al escenario cuando ella terminó de cantar y dio el punto y final al ensayo, comenzando con la entrevista menos de dos minutos después.

.

-¿Cómo se siente alguien cuando su primer disco sale a la venta y se convierte en un éxito repentino? - Añades una vez más a tu contador mental de veces que has querido abofetear a alguien por decir algo así haciendo que parezca que te has sacado tu disco de la manga un día cualquiera y que solo cantas desde que tienes un "single". Pero tú te ríes, porque es lo que te ha pedido tu publicista que hagas a cambio.
-¡Pues muy bien, la verdad! Muy agradecida por todo el apoyo y por la oportunidad, y un poquito nerviosa y apabullada por la cantidad de fans que se han unido para hacer posible mi sueño. - Estás un 90% segura de que esa frase ya la dijo alguien más antes que tú en su momento, pero ahora queda muy bien decirlo.
-Se nota que has trabajado mucho para hacer de este álbum un gran comienzo de una gran carrera. - No sabes si reír o llorar. Llorar honestamente y darle las gracias a este hombre y pedirle perdón por haber creído que era un cretino desde el primer momento. Así que solo sonríes.
-La verdad es que sí, estoy orgullosa de decir que llevo muchos años dejándome la piel y la voz cantando y trabajando para llegar aquí.
-Era tu principal meta y la has cumplido, ¿no? Enhorabuena. 
-Muchas gracias. Siempre me han enseñado que el esfuerzo se recompensa, y siento como que esto es el resultado que siempre he querido. - Estás quedando como otro producto de un día de la industria musical en esta entrevista con tanta respuesta reciclada, pero es cierto. Siempre te has sentido destinada a vivir lo que estás viviendo.
-¿Siempre has tenido la certeza de que esta sería tu recompensa o solo la esperanza de que lo llegara a ser?
-La esperanza, claro. Pero también certeza, porque confiaba plenamente en que mi trabajo acabaría teniendo frutos así. Y tenía razón.

.

Este vestido era una muchísima mejor idea mientras estaba en la percha. Hace un frío de injusticia y yo con esto puesto, y sin poder taparme porque todo el mundo me pondría a caldo por intentar evitar una pulmonía tapando esto. Encima rojo, así, discreto, para que nadie esté pendiente de mí como el imbécil de allí que... ¿qué miras, gilipollas? ¿Eh? ¿¡Qué!? Si no tuviera que devolver este anillo luego te abollaba la frente con él. Dios mío, qué coñazo de fiesta. ¿Qué se supone que estamos celebrando y por quién? ¿Me puedo ir ya? ¿Cuánto me ladraría Josh si me fuera rápido de la fiesta? ¿Si le pago yo para que sea mi publicista no soy yo la jefa y la que tiene que dar voces? ¿Por qué me puede gritar él a mí y yo no a él? ¿Me puedo ir ya? Me aburro. Qué coñazo. Y qué frío. Verás mañana. Pero por ahora yo me voy ya. 

.
.
.

Recibió al periodista en su nueva casa, y empezó por disculparse por la cantidad de cajas sin abrir y abiertas que había esparcidas por todas partes. Se disculpó diciendo que había estado muy ocupado trabajando y el reportero solo sonrió, se encogió de hombros y preguntó dónde podrían hacer la entrevista. Le llevó a la cocina, que junto al despacho eran las dos únicas zonas medianamente organizadas. Había estado ocupado con su nuevo guión, escribiendo anotaciones y empezando a perfilar un casting y presupuesto, por lo que la casa llevaba así unos cuatro días. Desde que se instaló, principalmente. Reflexionó sobre ello mientras preparaba una tetera y el entrevistador le planteaba las primeras preguntas básicas para su biografía en el artículo. En el fondo odiaba estar en el foco de cámaras y entrevistas, pero tenía que hacer esto. Empezó a contestar mientras servía el té y buscaba pastas o algo para acompañarlo.

.

-Has causado una gran expectación después de haber triunfado en Sundance como guionista y director, y con solo 25 años ya has tenido tu nombre en carteleras y medios de todo el mundo. ¿Cómo te sientes? - Aún no he terminado de mudarme de casa de mis padres.
-Bien, bien. Muy contento. Tengo ganas de seguir haciendo cosas. 
-¿Es mucho trabajo lo de ser guionista a la vez que director o facilita las cosas? - Todo es mucho trabajo detrás de las cámaras de las películas.
-Es mucho, pero me ayuda a conseguir algo que va más en la dirección en la que yo quiero. Me permite afilar mucho el guión y guiar a los actores. Es muy interesante.
-¿Te afectan las críticas que dicen que eres demasiado joven para lo que intentas hacer? - Dicen eso porque ellos no sabían qué demonios estaban haciendo con su vida a mi edad.
-No. Siempre he sido muy perfeccionista y trabajólico respecto a mi pasión, pero nunca me he mentido a mí mismo. Si tuviera dudas de sobre si podría hacerlo, no lo haría. Para mí no es demasiado temprano; es el momento exacto. 
-¿Qué hay detrás de tanta pasión por crear cine? - Lo dice como lo diría alguien que no soporta el cine.
-No es solo cine, es el hecho de crear arte. Busco la conexión con el público, lo que haga reaccionar a la gente sin tener que hacer una película que dé bombo a la revolución social o al romance típico. Quiero que la gente salga del cine pensando en lo que no ha visto en mi película pero puede imaginar pasando en la historia. Tengo las herramientas para hacerlo, la llave a ese paraíso de sentimientos. Solo que me esfuerzo mucho para utilizarlas bien.
-Impresionante oír cosas así de alguien tan joven. - Deberías oírme contar chistes.
-Gracias.

.

Mamá estaría orgullosa si supiera que tengo a quince personas a mi alrededor mirándome y preguntándome sobre mi trabajo y aún no he tenido ningún ataque de pánico. Por favor, dejad de mirarme. Ya sabéis que soy joven, ya sabéis en que trabajo, por favor, dejad de mirarme. Hay una cantante guapísima con un vestido cortísimo a menos de diez metros, ¡dejad de mirarme a mí! Nota mental: hablar con la cantante guapísima para saber si le interesaría hacer un videoclip. Tengo un concepto buenísimo. Cuando llegue a casa voy a quemar el nuevo guión, o a guardarlo para dentro de cinco años. Necesito una copa. ¡Oh, qué gran casualidad el estar arrinconado junto a la barra! Me pregunto cómo quedaré si pido cinco tequilas para mí solo. Pero no, porque he venido conduciendo y solo, porque soy un genio del cine e imbécil el resto del tiempo. Bueno, se acabó. El niño genio se abre. Goodbye, adiós, ciao, lo que sea. Me largo. 

.
.
.

Los tres coincidieron en la cola del aparcacoches, esperando sus vehículos. David se acercó a Chris, preguntando si era el joven director del que todo el mundo hablaba. Chris asintió antes de lanzarse en un discurso sobre lo mucho que le había gustado la interpretación de David en su última película, sobre todo en una escena determinada. David escuchó atentamente hasta que Tanya pasó junto a ellos para pedirle al aparcacoches que le trajera el suyo. Chris se dio cuenta y dejó de hablar repentinamente al mirar a Tanya, que le estaba lanzando una mirada asesina mientras le preguntaba si tenía algún problema. Chris que tenía en mente proponerle un vídeo. David observó el cambio de tema en silencio, sorprendido cuando Tanya suavizó su expresión y se acercó a ambos.

.

-David, hace tres años que conoces a tus dos mejores amigos, según nos has contado. ¿Cuáles fueron las primeras impresiones?
-Chris era un niño serio que trabajaba como un adulto y Tanya llevaba un vestido precioso que conjuntaba con su demonio interior.
-... No es una respuesta común, desde luego. 
-Cada uno me llamó la atención de una manera, pero les quiero por igual. Esa misma noche dejamos una fiesta para irnos a otra y la mitad de nuestra amistad surgió ahí. Chris acabó siendo el que más protegía a Tanya de miradas lascivas, y yo fui quien protegió a Chris de hombres de más de 170 centímetros. Éramos un equipo. 
-Es normal ver a jóvenes famosos ser amigos, pero nada como vosotros. 
-Soy como un papá oso con ellos. Ellos me cuidan a mí también, desde luego, pero entre el canijo y la chica guapa... les he cogido mucho cariño. Somos como las Supernenas, pero mucho más fiesteros. Y te aseguro que podría seguir así muchos más años.
-Por cierto, enhorabuena por el éxito de tu última película. Chris estará orgulloso. ¿Fue fácil trabajar con tu mejor amigo?
-¡No me lo recuerdes! Creo que nunca he tenido un estudio de personaje tan exhaustivo, pero estoy contento. Los dos lo estamos.

.

-Chris, ¿qué dices de los que piensan que sientes más que amistad por Tanya? 
-Que no se preocupen, que solo soy su fan número uno y al que tiene más mimado. 
-¿Y de los que piensan lo mismo pero sobre David?
-David me acabaría matando si pasara más tiempo del que pasa conmigo, tanto en el trabajo como fuera, pero por supuesto que le quiero muchísimo. Solo hace falta que él también lo admita. Pero no, ambos disfrutamos de las compañías femeninas.
-¿Se hacen pesados tres años, dos videoclips y una película en una amistad?
-No, lo que se hace pesado es salir una noche con ellos y aguantarles a la mañana siguiente. Ambos son dos lindas flores cuando se despiertan con resaca. 
-Todo el mundo sabe la vida nocturna frenética que vivís. 
-Solo cuando el trabajo lo permite. Nuestra amistad también se basa en lo que hacemos de día y sobrios, y en cuánto nos apoyamos y entendemos los unos a los otros, pero es cierto que una noche con ellos anima mis peores días y que me siento capaz de todo si les tengo ahí, animándome. Son un gran regalo de la vida. Y me torturarán luego por haber sido tan sentimental. 
-Todos los amigos son así, ¿no?
-Los míos, desde luego. 

.

-Tanya, ¿qué se siente al tener a esos dos hombres actuando como si fueran tus hermanos siempre?
-Es lo mejor y lo peor que me ha pasado. Es lo mejor cuando Chris se planta delante de alguno que me está mirando demasiado o de alguna que se está pasando de lista, pero es lo peor cuando se enfrentan a él y aparece David. Más de alguna vez les he dejado atrás, haciéndose los Mosqueteros, y me he ido a bailar con más gente. Me tienen sobreprotegida.
-¿Cómo llevan tu nueva relación con Josh?
-Le tienen aterrorizado, pero fingen ser muy amigos delante de mí. Es gracioso, excepto cuando veo a mi novio temblando. Ahí es cuando yo les grito y pasan de grandes hombres valientes a cachorritos regañados. Así les quiero.
-¿Algo ha cambiado en vuestras noches típicas ahora que tienes pareja?
-No. Seguimos haciendo muchas tonterías, pero seguimos sin montar grandes escándalos. Lo que hacemos, lo hacemos bien y muchas veces, pero bien. Es genial salir y sentir como si pudieras conquistar el mundo y arreglarlo todo con dos personas a tu lado. Podría hacerlo toda mi vida. 
-Los tres habláis con mucho cariño sobre el futuro de vuestra amistad. ¿Pensáis en que podría cambiar?
-Claro que sí, sabemos que todo puede pasar, pero preferimos no pensar mucho en ello y disfrutarlo y luchar por mantenerlo. En nuestro ambiente es difícil conservar cosas así, pero si nos distanciamos, nunca podrán decir que no intentamos vivirlo todo juntos. Estoy muy orgullosa de ellos y de esto. Realmente son casi como mis dos hermanos. 

domingo, 8 de diciembre de 2013

I'm getting old and I need someone to rely on.

A veces, escribir se vuelve más complicado que solamente plasmar en letras lo que te pasa por la cabeza en algún momento. Ves alguna fotografía, o visitas algún sitio especial, o escuchas una canción, y tu cabeza, de por sí, empieza a  imaginar y escribir lo que tú estás sintiendo, lo que te evocan esas cosas que te inspiran en el momento. Y por supuesto, te inspiran para escribir sobre muchos temas, como la naturaleza o la historia, pero inevitablemente, alguna vez acabarás escribiendo sobre sentimientos, y lo más probable es que escribas sobre el amor.

Y cuando se trata de amor, escribir puede ser difícil de muchas maneras. Puede no serlo, puede ser lo más sencillo del mundo, las palabras pueden resbalar por tu mente como la tinta sobre el papel o tus dedos sobre el teclado, pero no siempre es tan fácil. A veces quieres demasiado y no sabes bien cómo explicarte, qué tienes que escribir que pueda entenderse que quieres decir "esto es lo que siento, cuando leas esto sabrás exactamente lo que noto yo dentro de mí, este es la sensación exacta que me causas", y por mucho que escribas, borres y reescribas, nunca te quedará como tú quieres, porque nunca te parecerá suficiente. Y puedes tomarlo o dejarlo, puedes intentarlo otra vez, otro día, o puedes abandonar y optar por un gesto que valga más que mil palabras.

O puede que por cualquier circunstancia, no sea la mejor opción escribirlo, porque no quieras o puedas o debas hacerle saber a alguien lo que sientes, pero si eres escritor, escribir es la única forma de hacer empezar a sanar ciertas heridas. Y escribirás, doliéndote, como si cada tecla tuviera una chincheta al revés pegada o como si el bolígrafo fuera de acero candente. Te dolerá y te dejará marca, como si lo escribieses sobre tu propia piel, y no lo olvidarás fácilmente. Lo recordarás siempre que lo vuelvas a leer. Pero escribir aquello te ayudó a sacar de dentro el dolor, y en el fondo lo agradeces.

Es difícil cuando escribes por o a una persona, porque te expones directamente ante alguien, y eso no es siempre un buen trago para todos. Escribas lo que escribas, sea un "te quiero", un "lo siento", un "tienes que saberlo" o un "solo quería contártelo", si lo haces honestamente, leerán un trozo de ti. Y eso es importante, porque básicamente les pones esa parte de tu esfuerzo y tu mente en sus manos, para que hagan lo que quieran. Y puede haber tantas, tantas reacciones diferentes, esperadas e inesperadas, buenas o malas... Escribir con un receptor fijo casi siempre es complicado porque siempre va a haber suspense.

Pero puede que no tengas un receptor claro. Puede que solamente estés teorizando sobre ello. Puede que estés solamente escribiendo lo que sientes, sin hablar de nadie en concreto. Puede que reflexiones sobre cómo se actúa cuando se siente algo por alguien. Puede que solo estés dando tu opinión sobre ello.

O puede que estés haciendo lo que estoy haciendo yo ahora, escribir sobre alguien que no conoces.

Yo no creo en el destino. Creo que tu vida depende de ti, que la suerte no existe, que lo que sucede solo son consecuencias de otras cosas que han o no han pasado, y que todos somos llaves de un mismo mecanismo que reaccionará de una manera u otra dependiendo de cómo y hacia dónde nos movamos. Por eso no creo en que algún día llegará alguien caído del cielo y sea todo como en las historias que nunca dejamos de oír, en las que con tan solo una mirada ya sabe la gente con quién va a pasar el resto de su vida. Si a alguien le ha pasado, de verdad que me alegro, pero no creo que sea el caso de la gran mayoría.

Sin embargo, sé que algún día querré que llegue alguien. Alguien que sea importante, que encaje conmigo, que... alguien para mí. Simplemente, alguien para mí y para quien yo sea. Y por ahora solo hay dudas. ¿Existirá? ¿Será esto solo un deseo que no se cumplirá? Y si existe, ¿quién es? ¿Dónde está? ¿Qué está haciendo? ¿Está pensando en encontrar a alguien también? ¿Dónde nos encontraremos? ¿Cómo sabremos que somos el uno para el otro? ¿Pasará? ¿No pasará? ¿Cuánto tendré que esperar? ¿Cómo me sentiré? ¿Cuánto me queda por vivir antes y cuánto viviré después?

Hasta ahora, me lo había planteado poco. Sin embargo, creo que cuanto más vivo, más lo quiero. Conociéndome, no querré vivir sola mucho tiempo cuando llegue un momento. Así que por ahora esperaré mientras vivo, y luego esperaré un poco más, hasta que me cruce con alguien que se quiera sentar a esperar conmigo lo que quede por venir.

martes, 26 de noviembre de 2013

Grow up, grow older.

He escrito tantas cartas para mis pasados futuras "yos" que ya no sé cómo empezarlas. Sin embargo, siempre me siento como una náufraga que lanza un mensaje en una botella al océano, preguntándome cuándo y quién la recibirá, si llegará en un buen o mal momento, si quien la reciba sabrá o recordará quién soy ahora... Pero parte del propósito de pedir auxilio es el hecho de pedirlo, de esperarlo, de gastar algo de ansiedad en ello.

Una vez leí que la personalidad de las personas varía dependiendo del idioma en el que se habla en su entorno. Quiero decir, que una persona puede actuar de maneras distintas en un entorno, dependiendo de si se habla en su lengua materna o en cualquier otra, la domine o no. Me gusta creerlo, porque si no me cuesta explicar por qué ordeno mejor mis pensamientos en otro idioma que no es el castellano, y a veces ni siquiera el italiano.

Por eso espero estar, en un futuro, en un sitio angloparlante, con un mejor nivel de inglés, para poder darme a entender mejor y no bloquearme a la hora de hablar. También espero haber desarrollado nervios de acero para aprender a manejar mejor ciertas situaciones, y haber acumulado experiencia para dejar de meter la pata algún día. Espero poder llegar a alguna parte y poder mirar hacia atrás pensando en lo joven que era, lo mucho que tenía por aprender y, en parte, lo que lo echo de menos. Espero crecer sin complicarme mucho el camino yo sola.

lunes, 18 de noviembre de 2013

All I see is gold.

"El número al que llama no está disponible en este momento. Si lo desea, deje un mensaje después de oír la señal. BEEEP."

"Ehm, ¡hola, cariño! ¿Cómo va todo? Verás, quería decirte que lo siento mucho, pero que no podré ir a cenar a casa esta noche. Justo estaba yendo hacia el aeropuerto cuando me han llamado de otra sucursal y he tenido que salir corriendo a Irlanda. Ya sabes, con esto de la crisis no se puede negar un negocio... lo siento mucho, te compensaré cuando vuelva, ¿de acuerdo? ¡Ah, por cierto! Tu regalo está en el segundo cajón de mi cómoda, en la habitación. Ahora tengo que dejarte, voy a embarcar ya. Feliz cumpleaños. Te quiero".

Y después de seis años de relación y dos y medio de matrimonio, aún te preguntas cómo te ha podido tomar esto por sorpresa.

Cuelgas el teléfono con los hombros hundidos y los ojos cerrados después de oír el mensaje en el contestador por segunda vez. Apartas el aparato de tu oreja, haces ademán de levantarlo hacia tu rostro dos veces como si quisieras hacer una llamada y finalmente relajas el brazo, resignándote, sabiendo que nadie estaría al otro lado de la línea y que es inútil intentarlo. Dejas caer tu brazo, el móvil agarrado en tu mano, e intentando no llorar coges un anuncio de comida a domicilio de una mesita del comedor y te diriges a la cocina. Otra noche cenando comida china, sola, en tu carísima e impoluta cocina de diseño. La diferencia es que hoy no llevas pijama, sino vestido, zapatos, peinado de peluquería y maquillaje.

La comida tarda media hora en llegar, la cual inviertes en tratar de prestar atención a lo que sea que esté sucediendo en el televisor de plasma de tamaño mediano que hay en la pared de delante de la barra americana de mármol e intentando no parecer deprimida mientras contestas las felicitaciones en las redes sociales con tu tablet.

"¡Felicidades, querida! ¡Los veinticinco te sientan de maravilla! Espero que te lo estés pasando bien con tu marido, ¡pero tenemos que salir a celebrarlo las chicas solas! ¡Un beso!"

"¡Gracias, mujer! Pues mira, mi marido está ahora mismo en un vuelo a kilómetros de casa porque me ha plantado en el exacto último momento por..." no, borrar. "¡Gracias, cielo! ¡Lo celebraremos pronto, un beso!"

 También intentas retenerte para no estampar el enorme jarrón con flores que ha aparecido esta mañana en la encimera como por arte de magia contra ninguna superficie porque seguramente sería potencialmente peligroso. Además, son demasiadas flores como para luego querer limpiarlas tú.

Decides ser sarcástica y sacar platos de la vajilla cara, tres piezas de la cubertería de plata y uno de los vasos soplados a mano por artesanos de SabeDiosDónde. Sin embargo, la comida barata no sabe mejor, y el vino es vino tanto en cristal como en plástico. Lo único que sientes es frío, por lo que antes de sentarte a comer vas a encender la calefacción, consolándote al pensar que aunque no es calor humano es algo, y aprovechas para quitarte los Jimmy Choo y ponerte unas cómodas zapatillas de andar por casa. Poco te preocupa si conjuntan con el Valentino o no.

Mientras comes y finges prestar atención a cualquier reality show que esté en tu televisor, reflexionas por dentro y suspiras con tristeza. Obviamente que él no iba a estar. Por supuesto que tendría algo más importante que hacer. Claro que había conseguido engañarte este año, haciéndote pensar que iba a estar hoy contigo. Naturalmente que te tenía que bastar el hecho de estar rodeada de lujos y tener un regalo caro más del cual presumir por ahí.

Terminas de cenar, poner los platos sucios en el lavavajillas y guardas las sobras en la nevera en un tiempo récord, porque tanto tono dorado pretencioso en la cocina te está dando un repentino dolor de cabeza.

Rellenas tu vaso de vino otra vez, porque es tu condenado cumpleaños, y vuelves a la sala de estar para asomarte a la terraza de vuestro ático en Greenwich Village. La vista que tienes de Manhattan es preciosa. Te preguntas qué hora es en Irlanda y si hará buen tiempo allí, si él estará despierto o durmiendo, y si estará pensando en ti o no. Bebes vino observando las luces y el tránsito de gente en las calles con atención, como si esperases que él apareciese entre la multitud con aún más flores y una sonrisa.

Él no aparece.

Esto sí que no te sorprende.

¿Ha sido todo así desde el principio o ha sido un cambio progresivo? ¿Estuvo siempre tan ausente y no lo viste antes por culpa del encanto del que te habías prendado o es que de un día para otro él empezó a faltar? No lo recuerdas, y eso te mata por dentro. No recuerdas desde hace cuánto es que estás tan sola.

Aguantas un sollozo, te secas una lágrima furtiva con el dorso de una mano y le das un trago al vino mientras te alejas de la terraza y entras en casa, cerrando la puerta corredera de cristal.

No recuerdas la última vez que te cogió de la mano ni la última vez que su contacto físico te hizo sentir algo.

Te das cuenta de que casi toda tu casa tiene toques de color dorado y que el calor de la calefacción ha desaparecido tras abrir la puerta de la terraza. Solo sientes frío y todo lo que ves es oro.

Te preguntas cómo es que no viste antes que te casaste con el rey Midas.

Recordando todos los momentos que te pueden venir a la mente en los que vuestra relación parecía tener aún algo de calidez y alarmándote de cuánto tiempo parece haber pasado desde entonces, dejas tu vaso de vino en la cocina y te diriges a tu habitación. No quieres seguir despierta por mucho tiempo después de pensar en ello.

Guardas el conjunto de lencería que habías comprado expresamente para esta noche y te desmaquillas y te quitas tus joyas y tu vestido para ponerte un pijama de franela de dos piezas que no cuesta ni por asomo lo que puede costar uno de tus pendientes. Pero es tu pijama favorito, es cálido, vas a dormir sola en una enorme cama y necesitas algo de confort.

Cuando estás a punto de meterte bajo las mantas, recuerdas el mensaje de voz. Ruedas hacia el otro lado de la cama de matrimonio, abres el segundo cajón de la cómoda y ves una bolsa de color azul claro con asas de cordones blancos. Tiffany & Co. La caja que hay dentro de la bolsa tiene el mismo color azul y el lazo que la envuelve es de color blanco, y la tapa tiene la misma inscripción en negro escrita en el medio. Desatas el lazo y abres la caja con delicadeza.

Dentro de la caja hay un brazalete de platino y oro blanco con diamantes blancos y amarillos.

Sabes cuál es y cuánto cuesta con tan solo mirarlo.

Porque es el brazalete más caro en el catálogo de Tiffany's y solo puede ser comprado por encargo.

No puedes evitar sentirte la peor persona del mundo cuando lo único que sientes con semejante objeto en las manos es tristeza, decepción y solo puedes pensar una cosa.

Está frío. 

Como su almohada.

Como la jaula de oro en la que te sientes encerrada.

Como el sentimiento de culpa que sientes sabiendo el dinero que se ha gastado él en ese regalo que no consigues apreciar porque tú sólo querías que estuviera contigo por una sola noche.

Guardas el brazalete en la caja, la caja en la bolsa, la bolsa en el cajón y vuelves a tu lado de la cama intentando no llorar.

Para cuando te puede el sueño, has empapado tu almohada.

Poco después, e inconscientemente, te has girado para abrazar la suya.

domingo, 20 de octubre de 2013

Fix me.

Lo único que puede decir en su defensa es que nunca le vio venir. No se dio cuenta de cuándo él empezó a aparecer en su entorno de amigos, ni cuándo se volvió un habitual en las tardes y noches de aquel grupo.  Fue como si una noche hubiese caído del cielo, les hubiera caído bien a los chicos de su pandilla y al momento se hubiera vuelto uno más. Recuerda que su primera conversación con él fue para preguntarle, estando ella más para allá que para acá, dónde habían guardado la bolsa de hielos, tras haber estado buscando un buen rato detrás del mismo banco en ese parque. Al día siguiente, el único pensamiento que le dedicó fue "bueno, peores primeras impresiones he hecho".

No tardó en descubrir que no era un chico como los que estaba acostumbrada a ver. Aún a día de hoy, él sigue siendo muy callado y tímido cuando quedan, y solo se suelta un poco cuando está solo con los chicos o los pocos días que decide (poco) más que dos latas de cerveza. Pero nunca le ha visto borracho. Y al verle tan introvertido, tan rápido como llamó su atención, perdió interés. Ella seguía rodeándose de sus amigos y amigas de siempre, bebiendo como siempre y siendo la chica joven que aún es, sin cambios. Aunque eso nunca quitó que siguiera ligeramente intrigada por él. Y eso solo le generaba frustración, porque si él no tenía nada de interesante, ¿por qué provocaba su curiosidad sin hacer absolutamente nada?

Su curiosidad terminó de ganar la partida cuando una tarde-noche, en un parque en el centro de la ciudad cercano a una zona de pubs, el grupo entero estaba bebiendo para empezar la noche. Ella, sorprendentemente, no había llegado tarde, y ya había empezado a beber a un ritmo relajado mientras hablaba con dos amigas. La charla era tranquila y llena de risas relajadas, un buen comienzo de noche. Y ella no podía estar más contenta hasta que en una ojeada para ver cómo iba todo el mundo llevó su mirada directa a los ojos de él. Y al ser la primera vez que le pillaba mirándola, decidió no apartar la mirada primero. Le observó pensando "¿de dónde has salido tú para aparecer aquí?", con la ligera esperanza de que él leyese ese pensamiento en sus ojos. Como él ni siquiera parpadeaba, ella decidió apartar la vista bebiendo de su vaso y volviendo a su conversación. ¿No quería reaccionar? Pues bien. Ella tenía toda una noche por delante para mirar a otra gente que al menos reaccionase ante ese gesto.

Y esa fue su mentalidad de "tú te lo pierdes" hasta una noche hace ya unos dos meses. Era sábado por la noche, al día siguiente no tenía nada que hacer, el lunes iba a tener menos trabajo del habitual y su semana no había sido mala en general. Por supuesto que estaba borracha y bailando como si la hubiese poseído una bailarina profesional. O al menos le ponía las mismas ganas, independientemente del resultado. Iba a acabar estampada en plancha sobre el suelo en algún momento, simplemente lo sabía. En un momento se dio cuenta de que tanto sudar la había deshidratado demasiado y se dio cuenta de que aún le quedaba un ticket para una consumición gratis en un bolsillo, por lo que avisó a sus amigas y fue todo lo directa que pudo hasta la barra más cercana. Casi al llegar a su meta, le vio, y fue como si el cielo se hubiera abierto sobre él. Le saludó ebria y efusivamente hasta que llegó a donde estaba él, asumió que el mejor saludo para el momento era "hace calor, ¿eh?" y pidió su bebida. Mientras esperaba a que se la sirvieran siguió bailando en su sitio, sin ser muy consciente de la situación, y con su vaso ya en la mano, se limitó a observar la pista de baile mientras bebía. Aparentemente su mente falló en recordarle la presencia de él a su lado todo el tiempo, observándola en silencio.

Pasó un tiempo hasta que vio a sus amigas acercarse hasta la barra, donde siguieron bailando como si estuvieran en el centro de la pista, a cada cuál más afectada. Ella la que más, probablemente. Sin embargo, la diversión se le hizo demasiado corta cuando sus amigas decidieron que era un buen momento para volver a casa y fueron a recoger sus abrigos y bolsos, los de ella incluidos, dejándola en la barra. Asumiendo que lo mejor sería que se dirigiese a la salida, dio dos pasos hacia la puerta de la discoteca y resbaló. Ella seguía pensando "lo sabía, sabía que iba a pasar" cuando se dio cuenta de que ya no estaba cayendo hacia el suelo. Tardó unos segundos en comprender que eran los brazos de él lo que habían impedido su caída, y su reacción fue agradecerle entre risas la ayuda mientras él les sacaba de la discoteca. Ella intentó agarrarse a él para no caerse, pero tampoco tenía la energía como para subirse sobre su espalda como un koala, así que pasarle un brazo por las espalda y agarrarse a su cadera derecha tendría que valer.

No recuerda aún muy bien cómo, pero acabaron quedándose los dos solos en la puerta de la discoteca, cerrada ya. Él la pilló totalmente por sorpresa cuando le preguntó dónde vivía, pero tras un rato pensando, lo recordó y comenzaron a andar mientras ella reflexionaba en voz alta. Siempre tendía a hablar demasiado cuando se ponía nerviosa, y con alcohol en las venas era aún más desinhibida.

El camino de vuelta a casa se le hizo larguísimo, y agradeció que su compañera de piso hubiera decidido pasar la noche en casa de su novio, porque sabía que habría estado destinada a despertarla si hubiera estado durmiendo en su cuarto, y ello habría resultado en una mañana de resaca llena de ruido innecesario, preguntas sobre él y odio hacia su persona en general. Pero la culpa le tenían sus inservibles llaves y su estúpido paragüero que se había puesto en su camino a propósito. Cuando la batalla en la entrada fue solucionada, ella le llevó a su cuarto y le dejó ayudarle para quitarse la chaqueta y los zapatos mientras ella le observaba. Le llamaba tanto la atención en ese momento, estaba siendo tan bueno con ella... se había puesto tan guapo esa noche... tardó los tres segundos en los que él la acercó a la cama en decidirse para apoyar todo el peso de su cuerpo sobre el de él y tirarle sobre el colchón, básicamente asaltándole sin ningún tipo de autocontrol. Sin embargo, de pronto había dos manos en sus caderas levantándola con firmeza pero también con suavidad, apartándola de él, y cuando ella abrió los ojos, los de él la observaban con seriedad.

Se quedó paralizada y con la mente en blanco, temiendo haberlo fastidiado todo y que él fuera a enfadarse con ella, o gritarla o insultarla. Ni siquiera se había dado cuenta de que había empezado a temblar por culpa del miedo y el arrepentimiento hasta que él suspiró, suavizó la mirada y la abrazó. Todavía estaba procesando las caricias en su espalda y su pelo y un beso en la sien cuando un "lo siento" fue susurrado directamente en su oreja. Ella se echó ligeramente hacia atrás, lo suficiente para mirarle, y preguntó "¿no?". Cuando él sacudió la cabeza de lado a lado y contestó "así no", ella entendió lo que quería decir y asintió resignada, avergonzada y triste, y le dejó arroparla bajo las sábanas, cerrando los ojos en un momento de felicidad cuando él le dio un beso en la frente. Como respuesta, ella sacó un brazo de debajo de las mantas y le acarició el rostro, asegurándose de que él era real y estaba siendo así de bueno con ella de verdad, sonriendo. Él le devolvió la sonrisa, le dio otro beso en la frente y se fue dándole las buenas noches. Ella se durmió sonriendo y pensando que al menos ese gesto se lo había devuelto.

Desde esa noche, a ella le da igual si él cayó del cielo o no o si entró en su vida gradualmente o como un camión haciéndose paso entre el tráfico. Le sirve con saber que él está ahí, que cuando se miran le sonríe, que él acepta silenciosamente cuando ella le pide mediante un abrazo que la lleve a casa todas las noches que salen, que él tampoco hace caso a los comentarios de los demás del grupo, que ya sospechan algo. Le sirven un beso en la frente y una caricia en una mejilla todas las noches que pueden, le sirve algo tan simple y tan suyo, porque por lo menos sabe que le importa. Ella sabe que llegará un día que querrá más, porque no quiere ni cree que pueda dejarle escapar pronto y ya empieza a necesitar más, pero por ahora, le sirve.