sábado, 12 de noviembre de 2011

Mías.

Esta entrada está escrita en un cuaderno y de mi puño y letra, pero no podía resistir la tentación de escribirla aquí también. Para mí, vale la pena.

Son pasadas las doce de la noche, pero tenía que escribir. No podía aguantar las ganas de estrenar mi pluma y mi cuaderno. Que ahora que me fijo no es una pluma en todo el sentido estricto de la palabra... pero es mía, me la han regalado ellas y es igual de importante sea como sea. Estoy escribiendo esto con las lentillas, la ropa de calle y los zapatos puestos todavía, pero bueno, eso no importa. Necesitaba hacerlo.

He querido empezar así mi cuaderno, inmediatamente, tal y como he vivido esta tarde, tal y como os merecéis: lo primero, con ganas, con nervios, con la más grande de las sensaciones de felicidad que puedo experimentar en mi vida. Dios... es difícil que no pueda encontrar una palabra para definirlo, y lo sabéis, porque soy la de las palabras raras y las ocurrencias, pero no puedo. No puedo definiros esto. Es... es perfecto, ¿sabéis? Es saber que se quieren cuatro personas, que tú eres una de ellas, y las otras tres son de las personas más importantes de tu vida, por no decir las más, que son tres personas maravillosas, únicas, perfectas, inolvidables, geniales, fantásticas, increíbles... en fin, que sois vosotras.

Yo... os juro que lo intento, pero limitar su valor con un adjetivo existente me parece hasta una mentira. ¿Qué adjetivo iba a usar para englobar todo esto? ¿Perfecto? ¿Total? ¿Genial? ¿Único? ¡No! ¡No hay algo escrito que lo pueda expresar! Y lo siento, lo prometo, siento no poder ponerle nombre, pero os prometo que no hay palabras. No tengo palabras para eso. Es que sois tan grandes, tan importantes, tan... vosotras. Y sólo puedo nombraros de una forma: mías. Llamadme posesiva, o loca, o yo qué sé, pero mías. Mis amigas, mis niñas, mis alegrías, mis sonrisas y risas, mis ayudas, mis apoyos, mis penas y lágrimas, mis desahogos, mías, como queráis llamarlo. 

Y en fin, os quiero, ya lo habréis supuesto. Por eso empiezo el cuaderno así, con una declaración de principios que, aunque espero tengáis ya claros, nunca está de más recordaros. Por eso, y porque este cuaderno es en parte vuestro, os dedico la primera página de las que, espero, sean muchas escritas, y os aseguro, mis chicas, que ésta no será la única en la que os diré todas estas cosas, en la que os nombre, o en la que decida haceros un espacio como un pequeño homenaje, aunque os merezcáis que escriba todo este cuaderno sobre vosotras y como mínimo, veinte iguales. Bueno, corto ya, que me muero de sueño y tengo miedo de quedarme dormida con el boli en la mano y rayar el cuaderno, con lo bonito que es y lo que me gusta. Buenas noches, mías. Hasta mañana y cuando queráis. Os quiero. 

A mi Alba, mi Jessi y mi Bea, mis razones de vivir, mis ganas de seguir, mis niñas, mi felicidad, mi razón de ser. Mis mías. 

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