sábado, 5 de noviembre de 2011

Sueños de plástico.

Como ya dije una vez antes y llevo diciendo un tiempo, estoy volviendo a plantearme la idea de escribir un libro. Cada día se me ocurren como cincuenta argumentos, tres mil personajes, millones de tramas y lugares. Imagino escenas enteras, historias que empiezo y dejo inconclusas, modelo mentalmente personajes que siempre dejo a medias. Nunca los termino. Es por eso por lo que fracaso estrepitosamente cuando intento escribir algo que no sean viñetas, cosas cortas o simplemente que no sean acerca de mis pensamientos. 

Lo intenté dos veces antes. Ni que decir que ambas veces fueron sendos fracasos. Además, yo tengo el problema de que cuando empiezo a escribir algo y lo desarrollo, siempre acabo por salirme del argumento como quiero y no me gusta cómo lo he empezado, y entonces lo tengo que cambiar todo y en fin, esfuerzo para nada. Lo dejo incompleto porque la mayoría de las veces no sé ya ni cómo seguirlo. Y me da rabia, la verdad. Me frustra mucho no poder escribir una historia con principio, nudo y desenlace, porque digo yo, ¿qué escritora no es capaz de terminar una obra? Si quiero llegar a serlo, tendré que escribir alguna entera, ¿no? Digo yo. Pero en fin.

Por eso quiero empezar con el tercer intento. Dicen que a la tercera va la vencida, y además, cuento con los fallos de los anteriores que corregí en mi estilo. Al menos ya no tiro de self-insert, ya es algo. Al principio lo hacía por diversión, porque me quería sentir más involucrada, pero al final cansa. Y tengo mil quinientos argumentos para la historia, a cada cual más diverso, y muchos personajes, y cientos de paisajes o circunstancias en las que se desarrollaría. Podría ser una novela histórica de caballeros de la Edad Media. Podría ser una historia futurista. Podría ser un libro contemporáneo, como estos que causan sensación entre los adolescentes de hoy. No lo sé, la verdad es que he pensado de todo. Y personajes, buf, de todo tipo los hay. Y ya lugares o tramas o contextos ni hablamos, ¿cierto?

Aunque bueno, por ahora es sólo una idea, un deseo. Últimamente me estoy centrando mucho en mis estudios, la verdad, y no me quiero distraer. Es el último año antes de la Universidad, y estoy realmente acojonada. No hay tarde que no tenga un libro delante, e incluso me estoy temiendo que voy a tener que ir a devolver el que pedí en la biblioteca porque no me lo voy a poder leer en casa, y me niego a llevarlo en la mochila por miedo a que se estropee en el instituto o en los trayectos. Pero de todas formas tendré siempre ahí la ilusión del tercer libro. Es mi sueño de plástico. 

Lo llamo así porque es la definición que más me gusta. No es una realidad ni una apetencia cualquiera, es un sueño: tener un libro mío, escrito por mí, publicado, en hojas de papel con una ilustración en la portada. Lo que haría por tener un libro publicado... en fin. Y es de plástico, pero no de plástico policromado o blanco como el PVC, sino del plástico transparente y duro. No quiero sueños de cristal, que se rompen de un golpe en mil pedazos, y tampoco sueños de hierro, que al final te acaban pesando y los cumples sólo por deshacerte de ellos. Es mi sueño de plástico, porque es transparente como el cristal y ligero, y porque lleva tantos golpes que todavía no se rompe. Yo tengo un sueño de plástico que me va a durar años y años. Y me doy por satisfecha con tenerlo, hasta que lo pueda cumplir. Ya entonces me buscaré otro. Pero de plástico, por supuesto. 

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