"Entonces... ¿ya está?"
"...Sí, se acabó. Yo... lo siento."
"No, no te disculpes. Ya da... ya da igual."
"...¿Te veré por ahí?"
"Eh... sí, ya... nos veremos, supongo."
"Vale. Eh, adiós."
"Sí, adiós."
Colgué. No era como si ninguna de las dos tuviera muchas ganas de seguir hablando, de todos modos. Al menos, no creo que nadie las tuviese para hablar con alguien que básicamente te acabase de dejar por teléfono. En realidad le dije que las cosas llevaban un tiempo sin funcionar para mí hace tres días, y hoy nos vimos para intentar hablarlo y salvar este Titanic, pero no funcionó. Por ello, en cuanto me mandó un mensaje diciendo que acababa de llegar a casa, llamé y le dije que no podría haber vuelta de hoja. Y ahora estoy aquí, en casa, sola, de madrugada, con los platos sucios de una cena "romántica" en el fregadero y los trozos de otra relación fallida desperdigados por todo mi salón. Por mi culpa, para variar.
Otra persona con el corazón roto por mi culpa. Pensaba que después de haber pasado por esto varias veces me acostumbraría, pero aparentemente no es tan fácil como dicen las películas antiguas. Suspiro y lanzo una mirada por todo mi salón, a oscuras salvo por la luz que entra por la gran ventana. Debería ir cerrando las cortinas y arreglando la cocina, pero me pesa el cuerpo. Será mi conciencia.
Honestamente, ¿por qué siempre pasa igual? ¿Por qué parece que nunca puede ir bien una relación si yo formo parte de ella? ¿Qué detalle o truco me estoy perdiendo para permanecer enamorada de una persona? Estoy harta de mí misma y mis idioteces, quiero que me descambien. Pero no, si la culpa es mía por meterme en estos líos a sabiendas de que no sé cómo manejarlos...
Pero esta vez tenía ganas de que saliera bien. Tenía muchas ganas... tantas que casi perdí la noción de lo que estaba pasando, pero no creo que eso pase, ya. Mi cabeza estaba inundada de alarmas hasta hace unas horas, cuando se apagaron todas de repente. Mi mente no puede tolerar pasar mucho tiempo bajo la influencia de algo que no puede controlar ni racionalizar del todo. Así que ahora hay otra muesca en mi decepcionante cinturón, y me quedo sola con la terrible duda de si no puedo confiar en nadie para que me arrebate el control sin que yo pierda totalmente los papeles.
Lo peor es que me conozco. Yo estoy perfectamente bien, solo triste por haber hecho daño a otra persona más. No quiero herir a gente. Odio herir a gente. Me gusta ser social y hacer felices a los demás todo lo que puedo, o protegerles, y me entristece no poder hacerlo. Pero tengo un cascarón duro y un corazón ágil, por lo que no sufro muchos daños, normalmente. Aunque, a veces, los contraataques sí que duelen, pero no entiendo. O al menos hasta cierto punto, porque cuando me convierten en objetivo y me buscan las cosquillas, yo también cedo y puedo hacer daño intencionadamente, y más rápido y con más fuerza que sin querer. Tengo un corazón ágil y una mente despierta.
Sea como sea, tengo claro que hoy voy a tener insomnio. Esa sensación de inquietud ya me ha tensado todos los músculos, y mis párpados han dejado de moverse con la frecuencia normal. Hoy me toca comer techo. Haré recuento de lo que tengo, de dónde me deja esto, de las consecuencias que tendrá, de lo que significará para mí. Pero determinaré que mi vida sigue, que es lo más importante. Lo único que tengo claro es que mi vida y mi persona son lo único que me queda en las noches como esta. Y aún así lo intento, intento compartir mi vida con alguien más, buscar compañía para las noches en vela, pero es algo en lo que solo fracaso. Hoy he tenido una derrota más, y cada vez duele más perder las apuestas.
Pero al final de la noche, sigo siendo yo. Tengo una coraza fuerte y gruesa, un corazón ágil y complicado y simple a la vez, una mente racional y despierta, y una conciencia que me recuerda que siempre habrá un mañana, y que cuando deje de haberlo, tampoco pasará nada. Así que abandonar no está en mis planes.
lunes, 4 de agosto de 2014
lunes, 7 de julio de 2014
Still.
A veces sientes cómo toda la ironía de la situación te empapa de pies a cabeza e impide a los poros de tu piel respirar, ahogándote un poco y haciendo que tu cuerpo se sienta básicamente incómodo.
A ella le faltó tiempo para protestar e increpar a cualquiera que se atreviese siquiera a poner una expresión de confusión al saber que ibais a participar en el concurso de baile como pareja, pero Dios no quiera que reaccionase con la misma seguridad en sí misma y la misma pasión cuando le pediste que, por favor, por ti, porque no podías más así, te quisiera más allá de puertas cerradas y a medio gas.
Tampoco es como si fueras a guardar esa espinita de rencor y rabia hacia ese hecho para siempre, pero tampoco parece que vaya a desaparecer en algún futuro próximo.
De todas formas, y aún así, tragando todo el drama de la situación, tu reacción fue asentir y continuar con el plan (absurdo) de ser pareja en una competición teniendo una relación de amistad extraña, como mínimo, fuera del gimnasio o de la sala del conservatorio que reservabais para ensayar. Sabes que la culpa de que vuestra amistad se haya deteriorado es totalmente tuya, porque puedes verla intentando llegar a ti, intentando hacerte reír o engancharte en conversaciones, pero eres tú la que continúa siendo cortante, cerrada y fría, limitándose a bailar y a bailar. A veces, cuando intenta llegar a lo más hondo de ti implorándote, susurrando tu nombre en el silencio de las enormes salas en las que entrenáis, se te olvida por medio segundo que te está pidiendo algo que ya no puedes darle sin darle el resto de lo que le puedes ofrecer.
Es tu venganza, la más infantil e irracional que te puede salir, pero estás vengando lo que estás segura de que sería algo mucho mejor que vuestra amistad.
Te estás dando cuenta de que cuando baila sus trozos de coreografía independiente, frecuentemente te encuentras a ti misma observándola con anhelo, como si estuviera a mil metros de ti con los brazos extendidos, en vez de a tres, fluyendo con la música y perfeccionando su técnica a cada paso. También te cazas a ti misma intentando comparar sus expresiones de concentración, pasión y satisfacción cuando ejecuta una rutina bien a las que ponía cuando le acariciabas una mejilla en la semioscuridad, o cuando trazaba las líneas entre tus lunares, intentando encontrar las constelaciones que le parecieran más bonitas.
Has aprendido en muy poco tiempo a ignorar deliberadamente aquella voz en lo más profundo de tu cabeza que se pregunta si, aún después de todo, habríais acabado siguiendo con eso si tan solo tú no te hubieras salido de aquel camino tan cómodo.
Sin embargo, sabes perfectamente que todas tus reflexiones salen volando por la ventana en cuanto empezáis a bailar, empezando por rondaros la una a la otra como depredadores, hasta que tenéis que danzar en círculos, con vuestras manos levantadas entre vosotras, muy, muy juntas, casi encajando con la otra, pero jamás tocándoos. Siempre hay espacio entre vuestras manos, incluso cuando un simple movimiento las uniría perfectamente.
En esos momentos, los más duros, porque la coreografía requiere contacto visual constante y entre eso y la cercanía física y la tensión del baile a veces sientes que te falta literalmente el aliento, es cuando eres consciente de que no, de que aún no podéis ser amigas, porque tú aún quieres más, mucho más, y nada va a cambiar a menos que eso cambie primero.
Sabes que tampoco es justo por tu parte culparla del todo por sus decisiones, porque si no fuera por el ambiente en el que vivís y las represalias a las que todo el mundo teme dentro del armario, sabes (o eso quieres pensar) que las cosas podrían ser diferentes. Aún así, da rabia pensar que ni siquiera pudisteis luchar para intentar ganaros un puesto en el respeto social. Todo el esfuerzo por esconderos, los planes secretos, las indirectas, todo lo que hicisteis entre sombras y bajo protecciones... todo limitado ahora a una relación dañada y a unos contactos visuales demasiado intensos, y una coreografía que evoca demasiadas sensaciones.
Desde que vuestras conversaciones se volvieron frías, te preguntas en qué piensa ella ahora. Qué es lo que pasa por su mente cuando cree que no puedes ver su cara en el reflejo de los espejos de la sala de baile y una sombra de tristeza pasa por sus ojos. Qué es exactamente lo que está pensando cuando intenta que la entiendas con una sola mirada de desesperación. A veces te gustaría preguntar qué necesita para estar tranquila, para estar bien. Pero parece que solo hay una cosa que pudiera hacer eso, y por ahora no has encontrado ningún sucedáneo.
Este es uno de vuestros últimos ensayos. Los nervios están a flor de piel, las emociones, por encima incluso, el silencio podría electrocutar a un mosquito que pasara entre vosotras por la tensión con la que está cargado, y la coreografía está tan pulida que no sabes exactamente por qué seguís intentándolo. Pero seguís intentándolo.
El paso de baile más complicado aparece dos veces en la coreografía. Después de rondaros y hacer coreografías ligeramente independientes la una de la otra, cuando os acercáis, literalmente aguantas la respiración para no causar ningún tipo de perturbación, y podrías jurar que sois dos. El contacto visual es demasiado fuerte, y aguantas el parpadear todo lo que puedes, ignorando cómo vuestras respiraciones están agitadas y cómo la adrenalina hace que vuestras pupilas estén dilatadas y vuestras mejillas rojas.
Pero algo va mal. Hay trozos de la coreografía en la que ella no debería de estar mirándote, y la ves haciéndolo. Y hay momentos en los que tú ni siquiera deberías de estar girada en su dirección, pero estás cambiando los pasos para que siempre esté en tu campo de visión. La música, la adrenalina, estos cambios, las ganas, todo está haciendo que de pronto te sientas como una botella de champán que alguien está agitando con demasiadas ganas, y por un momento temes con toda tu alma lo que pueda pasar.
Está llegando la repetición del paso que más odias de la maldita coreografía y notas cómo el calor asciende por tu espalda. Tu estómago está haciendo cosas que deberían de ser anatómicamente imposibles y te tiemblan hasta las orejas. Odias cómo puedes sentir que tu nuca arde cuando os acercáis. Te descoloca demasiado cómo ves que las puntas de sus orejas se vuelven rojas, rojísimas, casi tanto como sus mejillas, cuando se acerca. Vuestras respiraciones son jadeos y vuestras manos están muy cerca, y vuestros cuerpos también. No recuerdas más pasos de la jodida coreografía y jurarías que la canción sigue sonando de fondo, pero por algún motivo nadie sigue bailando y entras en ochenta niveles de pánico distintos porque no sabes qué significa esto.
Crees que jamás te han mirado a los ojos con semejante fuerza expresiva. Estás segura de que nunca te habías sentido tan cerca de un desmayo. Jurarías por tu vida que el gesto de humedecerte los labios con la lengua ha sido totalmente involuntario.
Te morirás afirmando que oíste un hilo de algo extremadamente tenso romperse cuando ella lanzó una mirada rápida a tu boca, antes de volver a tus ojos.
Sabes que la quieres porque fue ella la que se empeñó en tener un par de colchonetas tiradas por el suelo para estirar a gusto.
A ella le faltó tiempo para protestar e increpar a cualquiera que se atreviese siquiera a poner una expresión de confusión al saber que ibais a participar en el concurso de baile como pareja, pero Dios no quiera que reaccionase con la misma seguridad en sí misma y la misma pasión cuando le pediste que, por favor, por ti, porque no podías más así, te quisiera más allá de puertas cerradas y a medio gas.
Tampoco es como si fueras a guardar esa espinita de rencor y rabia hacia ese hecho para siempre, pero tampoco parece que vaya a desaparecer en algún futuro próximo.
De todas formas, y aún así, tragando todo el drama de la situación, tu reacción fue asentir y continuar con el plan (absurdo) de ser pareja en una competición teniendo una relación de amistad extraña, como mínimo, fuera del gimnasio o de la sala del conservatorio que reservabais para ensayar. Sabes que la culpa de que vuestra amistad se haya deteriorado es totalmente tuya, porque puedes verla intentando llegar a ti, intentando hacerte reír o engancharte en conversaciones, pero eres tú la que continúa siendo cortante, cerrada y fría, limitándose a bailar y a bailar. A veces, cuando intenta llegar a lo más hondo de ti implorándote, susurrando tu nombre en el silencio de las enormes salas en las que entrenáis, se te olvida por medio segundo que te está pidiendo algo que ya no puedes darle sin darle el resto de lo que le puedes ofrecer.
Es tu venganza, la más infantil e irracional que te puede salir, pero estás vengando lo que estás segura de que sería algo mucho mejor que vuestra amistad.
Te estás dando cuenta de que cuando baila sus trozos de coreografía independiente, frecuentemente te encuentras a ti misma observándola con anhelo, como si estuviera a mil metros de ti con los brazos extendidos, en vez de a tres, fluyendo con la música y perfeccionando su técnica a cada paso. También te cazas a ti misma intentando comparar sus expresiones de concentración, pasión y satisfacción cuando ejecuta una rutina bien a las que ponía cuando le acariciabas una mejilla en la semioscuridad, o cuando trazaba las líneas entre tus lunares, intentando encontrar las constelaciones que le parecieran más bonitas.
Has aprendido en muy poco tiempo a ignorar deliberadamente aquella voz en lo más profundo de tu cabeza que se pregunta si, aún después de todo, habríais acabado siguiendo con eso si tan solo tú no te hubieras salido de aquel camino tan cómodo.
Sin embargo, sabes perfectamente que todas tus reflexiones salen volando por la ventana en cuanto empezáis a bailar, empezando por rondaros la una a la otra como depredadores, hasta que tenéis que danzar en círculos, con vuestras manos levantadas entre vosotras, muy, muy juntas, casi encajando con la otra, pero jamás tocándoos. Siempre hay espacio entre vuestras manos, incluso cuando un simple movimiento las uniría perfectamente.
En esos momentos, los más duros, porque la coreografía requiere contacto visual constante y entre eso y la cercanía física y la tensión del baile a veces sientes que te falta literalmente el aliento, es cuando eres consciente de que no, de que aún no podéis ser amigas, porque tú aún quieres más, mucho más, y nada va a cambiar a menos que eso cambie primero.
Sabes que tampoco es justo por tu parte culparla del todo por sus decisiones, porque si no fuera por el ambiente en el que vivís y las represalias a las que todo el mundo teme dentro del armario, sabes (o eso quieres pensar) que las cosas podrían ser diferentes. Aún así, da rabia pensar que ni siquiera pudisteis luchar para intentar ganaros un puesto en el respeto social. Todo el esfuerzo por esconderos, los planes secretos, las indirectas, todo lo que hicisteis entre sombras y bajo protecciones... todo limitado ahora a una relación dañada y a unos contactos visuales demasiado intensos, y una coreografía que evoca demasiadas sensaciones.
Desde que vuestras conversaciones se volvieron frías, te preguntas en qué piensa ella ahora. Qué es lo que pasa por su mente cuando cree que no puedes ver su cara en el reflejo de los espejos de la sala de baile y una sombra de tristeza pasa por sus ojos. Qué es exactamente lo que está pensando cuando intenta que la entiendas con una sola mirada de desesperación. A veces te gustaría preguntar qué necesita para estar tranquila, para estar bien. Pero parece que solo hay una cosa que pudiera hacer eso, y por ahora no has encontrado ningún sucedáneo.
Este es uno de vuestros últimos ensayos. Los nervios están a flor de piel, las emociones, por encima incluso, el silencio podría electrocutar a un mosquito que pasara entre vosotras por la tensión con la que está cargado, y la coreografía está tan pulida que no sabes exactamente por qué seguís intentándolo. Pero seguís intentándolo.
El paso de baile más complicado aparece dos veces en la coreografía. Después de rondaros y hacer coreografías ligeramente independientes la una de la otra, cuando os acercáis, literalmente aguantas la respiración para no causar ningún tipo de perturbación, y podrías jurar que sois dos. El contacto visual es demasiado fuerte, y aguantas el parpadear todo lo que puedes, ignorando cómo vuestras respiraciones están agitadas y cómo la adrenalina hace que vuestras pupilas estén dilatadas y vuestras mejillas rojas.
Pero algo va mal. Hay trozos de la coreografía en la que ella no debería de estar mirándote, y la ves haciéndolo. Y hay momentos en los que tú ni siquiera deberías de estar girada en su dirección, pero estás cambiando los pasos para que siempre esté en tu campo de visión. La música, la adrenalina, estos cambios, las ganas, todo está haciendo que de pronto te sientas como una botella de champán que alguien está agitando con demasiadas ganas, y por un momento temes con toda tu alma lo que pueda pasar.
Está llegando la repetición del paso que más odias de la maldita coreografía y notas cómo el calor asciende por tu espalda. Tu estómago está haciendo cosas que deberían de ser anatómicamente imposibles y te tiemblan hasta las orejas. Odias cómo puedes sentir que tu nuca arde cuando os acercáis. Te descoloca demasiado cómo ves que las puntas de sus orejas se vuelven rojas, rojísimas, casi tanto como sus mejillas, cuando se acerca. Vuestras respiraciones son jadeos y vuestras manos están muy cerca, y vuestros cuerpos también. No recuerdas más pasos de la jodida coreografía y jurarías que la canción sigue sonando de fondo, pero por algún motivo nadie sigue bailando y entras en ochenta niveles de pánico distintos porque no sabes qué significa esto.
Crees que jamás te han mirado a los ojos con semejante fuerza expresiva. Estás segura de que nunca te habías sentido tan cerca de un desmayo. Jurarías por tu vida que el gesto de humedecerte los labios con la lengua ha sido totalmente involuntario.
Te morirás afirmando que oíste un hilo de algo extremadamente tenso romperse cuando ella lanzó una mirada rápida a tu boca, antes de volver a tus ojos.
Sabes que la quieres porque fue ella la que se empeñó en tener un par de colchonetas tiradas por el suelo para estirar a gusto.
Etiquetas:
De mayor quiero ser escritora perturbada.
lunes, 19 de mayo de 2014
Fix us.
Si te llegan a preguntar hace diez años si alguna vez asistirías a una reunión de antiguos alumnos del instituto, te hubieras echado a reír solamente de pensarlo. Por eso nunca has ido a ninguna reunión de antiguos alumnos que algún demente iluso quisiera tratar de organizar.
Ese es básicamente tu único argumento mientras conduces hacia el punto de encuentro donde habéis quedado todos. No, no son tus ex compañeros de clase, son tus ex compañeros de juerga. Todo mucho más distinto, dónde va a parar.
Te preguntas si Alicia seguirá teniendo esos piercings en la cara. o si Pablo seguirá bebiendo hasta la semiinconsciencia. Si Raúl consiguió dejar de ser la broma recurrente y echarse novia. Si Ángela dejó de decir que le atraían un poco las chicas cuando estaba que no se tenía en pie y lo empezó a admitir sobria. Si Víctor cedió al final ante sus padres y se hizo abogado.
Poco a poco te das cuenta de lo jodidos que estabais todos hace diez años. Lo que tienes muy claro desde el principio es que hay preguntas que ni siquiera te atreves a formularte. También supones que está claro que no os volveréis a ver, mucho menos hoy.
Te quedan unos quince minutos de camino porque, aparentemente, eres la que vive más lejos y la reunión se va a celebrar en un punto que les pilla cerca a los demás. Nadie confiaba en que asistieras, obviamente.
Tú tampoco lo creías. Llevas casi diez años mostrándoles recelo, demasiado ocupada lamiendo tus heridas y lamentando tu pérdida como para ser sociable con la gente que te evoca tus peores pesadillas. Acudir hoy es un paso más en tu proceso lleno de súplicas a un dios que no te escucha para recuperar tu paz interior u ocho horas de sueño cada noche, lo que venga mejor. Estuviste desconsolada un tiempo, por decirlo de alguna forma, pero ahora estás más que nada indolente.
Quince minutos son diez contando con la falta de tráfico y tu GPS y gracias a Dios, encuentras aparcamiento nada más llegar al margen del parque en el que os reuníais. Y no te ha dado tiempo a darte una palmadita orgullosa en la espalda mientras te quitas el cinturón de seguridad antes de lanzar una mirada al parque y encontrártelo junto a unos arbustos observándote a través del parabrisas.
Tu cuerpo se congela, la cinta negra suelta un chasquido al resbalar de entre tus dedos y chocar contra tu asiento, tú das un ligero bote por el sonido que rompe abruptamente la tensión del momento y él no se ha inmutado lo más mínimo.
Si alguien te preguntara alguna vez si has visto un fantasma a lo largo de tu vida, ahora mismo no sabrías qué contestar.
Por tu mente pasa una imagen de ti misma en un pequeño descampado, toda vestida de negro y aferrándote a un paraguas abierto para protegerte de la lluvia que amenazaba con caer, observando una pequeña pila de cartas y fotos y algún peluche y CD arder, con una botella de líquido inflamable y una caja de cerillas a tus pies. Fue demasiado solemne para ti como para contárselo nunca a nadie.
Decidiste no contárselo a nadie cuando arrugaste la única foto que no pudiste quemar entre tus dedos.
La enterraste a pocos pasos de la pequeña hoguera, como si fuera un acto simbólico en el que decidías enterrar todo lo sabido y por saber sobre él. Le querías bajo tierra, y ahí querías que se quedase.
En realidad solo querías hacerte ver a ti misma que no te importaba si era él el que te enterraba a ti y seguía con su vida.
Eres consciente de que seguís observándoos el uno al otro a través del cristal del coche. Eres consciente de que no te has movido, ni siquiera has respirado, desde que le has visto. Eres consciente de que debes respirar y salir del coche. No quieres abrir la puerta y salir del coche. Él es un demonio al que no quieres enfrentarte porque mil voces resuenan en tu cabeza diciéndote que no se lo merece.
De todas formas, sales del coche y caminas hacia donde él y todo el resto de gente que no sabes cómo no viste antes están hablando y saludándose animadamente.
Mientras caminas, él sigue observándote, quieto, y tú notas cómo a cada segundo tu estómago se empieza a llenar de emociones confusas, de ganas de abrazarle y de ganas de mandarle definitivamente al infierno.
Por un momento sientes rabia por todo el trabajo mental que has hecho intentando enterrar todo lo que estás sintiendo ahora mismo y por cómo en menos de dos minutos su presencia ha provocado una avalancha que lo ha desenterrado todo y se cierne amenazante sobre ti.
.
Sé que no me escucharías ahora mismo ni aunque te encadenara a un árbol y te sentase para ello.
Sé que cometí un gran error dejándote atrás sin darme cuenta y darme cuenta cuando ya te había perdido de vista. Sé que cualquier cosa que haya ganado y pueda ofrecerte no vale nada ante tus ojos. Sé que puedo prometerte todo lo que quieras y que no te atraerá en absoluto. Sé que me dirás que por mucho éxito que haya conseguido no valdrá de nada en este aspecto.
No sabes cuánto siento que las cosas hayan sido así, que nos enamoráramos así al principio y que todo acabara siendo un gran daño colateral. Siento haber tirado la primera ficha del dominó en mi entusiasmo, destruyendo todo lo que habíamos construido hasta entonces.
Me arrepiento de que te hayas enterado de que te he buscado en mil botellas distintas, si lo has hecho. Me arrepiento de no haber buscado tu ayuda mientras intentaba ahogarme y huir de las pirañas que me rodeaban al mismo tiempo.
No espero que me echases de menos, pero espero que al verme, lo hagas cuando me vaya. Espero que cuando hable contigo me recuerdes y que, si lo haces, no tardes en volver a aceptarme.
Y si no, espero que me digas que estoy muerto para ti y que no me dejes en el limbo.
Ese es básicamente tu único argumento mientras conduces hacia el punto de encuentro donde habéis quedado todos. No, no son tus ex compañeros de clase, son tus ex compañeros de juerga. Todo mucho más distinto, dónde va a parar.
Te preguntas si Alicia seguirá teniendo esos piercings en la cara. o si Pablo seguirá bebiendo hasta la semiinconsciencia. Si Raúl consiguió dejar de ser la broma recurrente y echarse novia. Si Ángela dejó de decir que le atraían un poco las chicas cuando estaba que no se tenía en pie y lo empezó a admitir sobria. Si Víctor cedió al final ante sus padres y se hizo abogado.
Poco a poco te das cuenta de lo jodidos que estabais todos hace diez años. Lo que tienes muy claro desde el principio es que hay preguntas que ni siquiera te atreves a formularte. También supones que está claro que no os volveréis a ver, mucho menos hoy.
Te quedan unos quince minutos de camino porque, aparentemente, eres la que vive más lejos y la reunión se va a celebrar en un punto que les pilla cerca a los demás. Nadie confiaba en que asistieras, obviamente.
Tú tampoco lo creías. Llevas casi diez años mostrándoles recelo, demasiado ocupada lamiendo tus heridas y lamentando tu pérdida como para ser sociable con la gente que te evoca tus peores pesadillas. Acudir hoy es un paso más en tu proceso lleno de súplicas a un dios que no te escucha para recuperar tu paz interior u ocho horas de sueño cada noche, lo que venga mejor. Estuviste desconsolada un tiempo, por decirlo de alguna forma, pero ahora estás más que nada indolente.
Quince minutos son diez contando con la falta de tráfico y tu GPS y gracias a Dios, encuentras aparcamiento nada más llegar al margen del parque en el que os reuníais. Y no te ha dado tiempo a darte una palmadita orgullosa en la espalda mientras te quitas el cinturón de seguridad antes de lanzar una mirada al parque y encontrártelo junto a unos arbustos observándote a través del parabrisas.
Tu cuerpo se congela, la cinta negra suelta un chasquido al resbalar de entre tus dedos y chocar contra tu asiento, tú das un ligero bote por el sonido que rompe abruptamente la tensión del momento y él no se ha inmutado lo más mínimo.
Si alguien te preguntara alguna vez si has visto un fantasma a lo largo de tu vida, ahora mismo no sabrías qué contestar.
Por tu mente pasa una imagen de ti misma en un pequeño descampado, toda vestida de negro y aferrándote a un paraguas abierto para protegerte de la lluvia que amenazaba con caer, observando una pequeña pila de cartas y fotos y algún peluche y CD arder, con una botella de líquido inflamable y una caja de cerillas a tus pies. Fue demasiado solemne para ti como para contárselo nunca a nadie.
Decidiste no contárselo a nadie cuando arrugaste la única foto que no pudiste quemar entre tus dedos.
La enterraste a pocos pasos de la pequeña hoguera, como si fuera un acto simbólico en el que decidías enterrar todo lo sabido y por saber sobre él. Le querías bajo tierra, y ahí querías que se quedase.
En realidad solo querías hacerte ver a ti misma que no te importaba si era él el que te enterraba a ti y seguía con su vida.
Eres consciente de que seguís observándoos el uno al otro a través del cristal del coche. Eres consciente de que no te has movido, ni siquiera has respirado, desde que le has visto. Eres consciente de que debes respirar y salir del coche. No quieres abrir la puerta y salir del coche. Él es un demonio al que no quieres enfrentarte porque mil voces resuenan en tu cabeza diciéndote que no se lo merece.
De todas formas, sales del coche y caminas hacia donde él y todo el resto de gente que no sabes cómo no viste antes están hablando y saludándose animadamente.
Mientras caminas, él sigue observándote, quieto, y tú notas cómo a cada segundo tu estómago se empieza a llenar de emociones confusas, de ganas de abrazarle y de ganas de mandarle definitivamente al infierno.
Por un momento sientes rabia por todo el trabajo mental que has hecho intentando enterrar todo lo que estás sintiendo ahora mismo y por cómo en menos de dos minutos su presencia ha provocado una avalancha que lo ha desenterrado todo y se cierne amenazante sobre ti.
.
Sé que no me escucharías ahora mismo ni aunque te encadenara a un árbol y te sentase para ello.
Sé que cometí un gran error dejándote atrás sin darme cuenta y darme cuenta cuando ya te había perdido de vista. Sé que cualquier cosa que haya ganado y pueda ofrecerte no vale nada ante tus ojos. Sé que puedo prometerte todo lo que quieras y que no te atraerá en absoluto. Sé que me dirás que por mucho éxito que haya conseguido no valdrá de nada en este aspecto.
No sabes cuánto siento que las cosas hayan sido así, que nos enamoráramos así al principio y que todo acabara siendo un gran daño colateral. Siento haber tirado la primera ficha del dominó en mi entusiasmo, destruyendo todo lo que habíamos construido hasta entonces.
Me arrepiento de que te hayas enterado de que te he buscado en mil botellas distintas, si lo has hecho. Me arrepiento de no haber buscado tu ayuda mientras intentaba ahogarme y huir de las pirañas que me rodeaban al mismo tiempo.
No espero que me echases de menos, pero espero que al verme, lo hagas cuando me vaya. Espero que cuando hable contigo me recuerdes y que, si lo haces, no tardes en volver a aceptarme.
Y si no, espero que me digas que estoy muerto para ti y que no me dejes en el limbo.
Etiquetas:
De mayor quiero ser escritora perturbada.
lunes, 24 de marzo de 2014
Wings (De mí para ti).
Para Ti:
Perdona que te mande esta carta sin avisar y sin ninguna razón en especial. Es producto de una idea de un momento que surgió en mi mente hace unos pocos minutos, y a mi edad ya es mejor hacer todo lo que te diga tu cabeza antes de empezar a perderla.
Hoy es día de visitas en la residencia, y mi nieta, la de diecinueve, ha venido sola a verme. Diecinueve años tiene ya la muchacha, está hecha toda una señorita. Da gloria verla. Bueno, lo que quería decir es que mi nieta hoy ha venido a verme sola, sin traer a nadie más, y te lo digo porque es un detalle importante, porque nunca vienen mis nietos solos a verme. Pero hoy ha venido sola y tenías que ver lo triste que parecía. Mis sospechas de que algo iba mal se confirmaron cuando me preguntó si yo había tenido que dejar ir algún amor alguna vez. Ay, el amor joven, qué complicado es y qué poco lo apreciamos en su momento.
De todas formas, la idea de escribirte me la dio precisamente esa pregunta, como habrás supuesto. Siempre has sido muy perspicaz. Pero bueno, te estaba contando lo de mi nieta. Le respondí contándole todo lo que pude recordar sobre Ti.
La pregunta me hizo recordar todas las mañanas en las que nos despertábamos en la casa de campo de tus padres, con la luz entrando entre las cortinas amarillentas tiñendo la habitación de dorado, haciendo que lo primero que viésemos al despertarnos fuera piel ajena con un brillo precioso por la luz. No sé si tú te acuerdas, pero yo recuerdo perfectamente cuántos besos te di en los hombros esperando a que te despertaras porque ese brillo hacía que parecieses perfecta.
Recuerdo mañanas enteras pasadas en la cama, mirando al techo, riendo más que hablando y perdiendo un tiempo que no sabíamos que echaríamos de menos en algún momento. Aún así no cambiaría nada de eso ahora, porque eran mis mañanas favoritas. Siempre estaban entre mis noches favoritas y mis días preferidos.
¿Te acuerdas de las noches en el campo? Siempre intentábamos contar las estrellas que se podían ver y nunca lo conseguíamos porque nos distraíamos o porque perdíamos la cuenta, había tantas... y recuerdo que cuando nos aburríamos o nos cansábamos encendíamos la radio de la camioneta de tu padre y bailábamos como si supiéramos lo que hacíamos. La parte que más me gustaba era verte bailar sobre el capó, porque tu silueta se recortaba en el manto de estrellas desde donde yo te veía. La Luna hacía que estuvieras tan guapa... En la ciudad no hay tantas estrellas, pero eso no quita que no piense en Ti cada vez que salen.
Sin embargo, el hecho de que no haya tantas estrellas me parece extrañamente adecuado a la situación. Sin Ti no hay tantas estrellas. Es como si el cielo se apagara porque nos faltas a ambos. Y claro, sin estrellas, yo no me sé guiar bien, y no sé dónde andas, y no puedo ir a donde estés para siempre, y es todo un círculo vicioso horrible.
También puede ser que sea porque estoy en la ciudad y no en la casa de campo de tus padres que haya menos estrellas. Ni siquiera estoy en nuestra ciudad, si no que me tuve que ir más lejos. Y ahora, a mi edad, ni mi cuerpo ni mis hijos me dejan hacer mucho ya. Aunque me encantaría volver, por supuesto, eso no lo dudes. Pero a veces olvido cosas, o me cuesta hacer cosas muy normales y todo eso que pasa cuando te dicen que te haces mayor y te meten en una casa de viejos. Aún así, tampoco es como si en mi juventud no se me escapasen las palabras cuando intentaba hablar de Ti, así que tampoco es para tanto, digo yo.
Me temo que me estoy empezando a apagar poco a poco, y quería saber si podía dejar mi conciencia tranquila antes de perderme del todo. Si no puedo pasar este tiempo que me queda contigo, preferiría al menos dejarlo por escrito, por si acaso, para que quede claro, por si marca alguna diferencia.
Oh, cómo me acuerdo del último día que nos vimos. Habíamos cambiado tanto... yo me tenía que ir, tú también, íbamos a viajar, pero no de la mano, sino en direcciones diferentes. Teníamos vidas que vivir por separado, y eso llevaba meses preparándonos para la despedida. Yo seguía a mis padres a otro país y tú te ibas por tu cuenta, a vivir y a conocer mundo, a ser feliz... estabas tan enfadada conmigo por no dejarte llevarme contigo... tu frialdad y desprecio por mis decisiones me dolía a mí y mi debilidad y conformismo te dolía a Ti, y eso pareció construir un muro de treinta metros separándonos. Ya no podíamos ni mirarnos a la cara sin que doliera. Que si me acuerdo, digo...
Recuerdo nuestra última noche como un desastre, pero con cariño. Nunca me habían mirado como me mirabas tú y nunca había mirado a nadie como te miré a Ti. Los silencios de esa noche son los peores que he vivido, y todavía me estremezco cuando pienso en ello y en la agresividad con la que nos tratamos aquella noche.
Me dijiste que nunca lo olvidaría, porque me atormentaría, y qué razón tenías, maldita. Qué razón tenías. ¿Lo recuerdas tú?
Le he contado a mi nieta todo lo que te he dicho y más, todo lo que recuerdo sobre Ti. Le he contado cómo supe de Ti años después de decirte adiós, cómo me enteré de que nunca te casaste y que triunfaste como directora de cine. Le he contado cómo seguí tu carrera lo mejor que pude mientras me casaba y tenía hijos, teniendo cuidado de que nadie supiera nada de Ti. Le he contado que todavía tengo las grullas de papel que tú me hiciste. Le he contado que la única vez que las saqué de la cajita en la que me las diste después de todos estos años fue el día en el que me enteré de tu accidente. Le he contado que quiero que me entierren con esa cajita.
Le he contado más cosas sobre Ti de las que le he contado a nadie, a Ti incluida. Espero que me perdones el chismorreo, supongo que lo de contar batallitas viene con la edad.
Pero te gustará saber que cuando conseguí que la niña dejara de llorar, le expliqué que el hecho de que haya una persona que te marque más que ninguna otra y que esa persona se vaya, no significa que nunca volverás a ser feliz. Yo me casé muy feliz, y tuve hijos muy feliz, y tuve nietos muy feliz, y viví muy feliz. Me costó horrores superar lo nuestro, y aún no sé si lo hice, pero eso no significa que mi familia no me haga feliz ni que me arrepienta de muchas cosas que he hecho en mi vida. Un poquito más feliz sí que habría podido ser, pero he vivido con la suficiente felicidad para Mí. Creo que la chiquilla me entendió cuando se lo dije, porque dejó de llorar y me abrazó por mucho rato. De todas formas, aún tiene diecinueve, y estos niños de hoy en día... no son como tú y como yo. Ya aprenderán solos.
Pero bueno, querida, ya tengo que dejar de escribirte, porque se ha hecho tarde y tengo que bajar a la sala común, porque esta noche echan mi programa favorito y no voy a permitir que los demás viejos me impidan ver la tele.
No te olvido aunque ya no estés.
Te mando todos los besos que no te pude dar, como todas las noches.
Hasta pronto,
Mí.
Perdona que te mande esta carta sin avisar y sin ninguna razón en especial. Es producto de una idea de un momento que surgió en mi mente hace unos pocos minutos, y a mi edad ya es mejor hacer todo lo que te diga tu cabeza antes de empezar a perderla.
Hoy es día de visitas en la residencia, y mi nieta, la de diecinueve, ha venido sola a verme. Diecinueve años tiene ya la muchacha, está hecha toda una señorita. Da gloria verla. Bueno, lo que quería decir es que mi nieta hoy ha venido a verme sola, sin traer a nadie más, y te lo digo porque es un detalle importante, porque nunca vienen mis nietos solos a verme. Pero hoy ha venido sola y tenías que ver lo triste que parecía. Mis sospechas de que algo iba mal se confirmaron cuando me preguntó si yo había tenido que dejar ir algún amor alguna vez. Ay, el amor joven, qué complicado es y qué poco lo apreciamos en su momento.
De todas formas, la idea de escribirte me la dio precisamente esa pregunta, como habrás supuesto. Siempre has sido muy perspicaz. Pero bueno, te estaba contando lo de mi nieta. Le respondí contándole todo lo que pude recordar sobre Ti.
La pregunta me hizo recordar todas las mañanas en las que nos despertábamos en la casa de campo de tus padres, con la luz entrando entre las cortinas amarillentas tiñendo la habitación de dorado, haciendo que lo primero que viésemos al despertarnos fuera piel ajena con un brillo precioso por la luz. No sé si tú te acuerdas, pero yo recuerdo perfectamente cuántos besos te di en los hombros esperando a que te despertaras porque ese brillo hacía que parecieses perfecta.
Recuerdo mañanas enteras pasadas en la cama, mirando al techo, riendo más que hablando y perdiendo un tiempo que no sabíamos que echaríamos de menos en algún momento. Aún así no cambiaría nada de eso ahora, porque eran mis mañanas favoritas. Siempre estaban entre mis noches favoritas y mis días preferidos.
¿Te acuerdas de las noches en el campo? Siempre intentábamos contar las estrellas que se podían ver y nunca lo conseguíamos porque nos distraíamos o porque perdíamos la cuenta, había tantas... y recuerdo que cuando nos aburríamos o nos cansábamos encendíamos la radio de la camioneta de tu padre y bailábamos como si supiéramos lo que hacíamos. La parte que más me gustaba era verte bailar sobre el capó, porque tu silueta se recortaba en el manto de estrellas desde donde yo te veía. La Luna hacía que estuvieras tan guapa... En la ciudad no hay tantas estrellas, pero eso no quita que no piense en Ti cada vez que salen.
Sin embargo, el hecho de que no haya tantas estrellas me parece extrañamente adecuado a la situación. Sin Ti no hay tantas estrellas. Es como si el cielo se apagara porque nos faltas a ambos. Y claro, sin estrellas, yo no me sé guiar bien, y no sé dónde andas, y no puedo ir a donde estés para siempre, y es todo un círculo vicioso horrible.
También puede ser que sea porque estoy en la ciudad y no en la casa de campo de tus padres que haya menos estrellas. Ni siquiera estoy en nuestra ciudad, si no que me tuve que ir más lejos. Y ahora, a mi edad, ni mi cuerpo ni mis hijos me dejan hacer mucho ya. Aunque me encantaría volver, por supuesto, eso no lo dudes. Pero a veces olvido cosas, o me cuesta hacer cosas muy normales y todo eso que pasa cuando te dicen que te haces mayor y te meten en una casa de viejos. Aún así, tampoco es como si en mi juventud no se me escapasen las palabras cuando intentaba hablar de Ti, así que tampoco es para tanto, digo yo.
Me temo que me estoy empezando a apagar poco a poco, y quería saber si podía dejar mi conciencia tranquila antes de perderme del todo. Si no puedo pasar este tiempo que me queda contigo, preferiría al menos dejarlo por escrito, por si acaso, para que quede claro, por si marca alguna diferencia.
Oh, cómo me acuerdo del último día que nos vimos. Habíamos cambiado tanto... yo me tenía que ir, tú también, íbamos a viajar, pero no de la mano, sino en direcciones diferentes. Teníamos vidas que vivir por separado, y eso llevaba meses preparándonos para la despedida. Yo seguía a mis padres a otro país y tú te ibas por tu cuenta, a vivir y a conocer mundo, a ser feliz... estabas tan enfadada conmigo por no dejarte llevarme contigo... tu frialdad y desprecio por mis decisiones me dolía a mí y mi debilidad y conformismo te dolía a Ti, y eso pareció construir un muro de treinta metros separándonos. Ya no podíamos ni mirarnos a la cara sin que doliera. Que si me acuerdo, digo...
Recuerdo nuestra última noche como un desastre, pero con cariño. Nunca me habían mirado como me mirabas tú y nunca había mirado a nadie como te miré a Ti. Los silencios de esa noche son los peores que he vivido, y todavía me estremezco cuando pienso en ello y en la agresividad con la que nos tratamos aquella noche.
Me dijiste que nunca lo olvidaría, porque me atormentaría, y qué razón tenías, maldita. Qué razón tenías. ¿Lo recuerdas tú?
Le he contado a mi nieta todo lo que te he dicho y más, todo lo que recuerdo sobre Ti. Le he contado cómo supe de Ti años después de decirte adiós, cómo me enteré de que nunca te casaste y que triunfaste como directora de cine. Le he contado cómo seguí tu carrera lo mejor que pude mientras me casaba y tenía hijos, teniendo cuidado de que nadie supiera nada de Ti. Le he contado que todavía tengo las grullas de papel que tú me hiciste. Le he contado que la única vez que las saqué de la cajita en la que me las diste después de todos estos años fue el día en el que me enteré de tu accidente. Le he contado que quiero que me entierren con esa cajita.
Le he contado más cosas sobre Ti de las que le he contado a nadie, a Ti incluida. Espero que me perdones el chismorreo, supongo que lo de contar batallitas viene con la edad.
Pero te gustará saber que cuando conseguí que la niña dejara de llorar, le expliqué que el hecho de que haya una persona que te marque más que ninguna otra y que esa persona se vaya, no significa que nunca volverás a ser feliz. Yo me casé muy feliz, y tuve hijos muy feliz, y tuve nietos muy feliz, y viví muy feliz. Me costó horrores superar lo nuestro, y aún no sé si lo hice, pero eso no significa que mi familia no me haga feliz ni que me arrepienta de muchas cosas que he hecho en mi vida. Un poquito más feliz sí que habría podido ser, pero he vivido con la suficiente felicidad para Mí. Creo que la chiquilla me entendió cuando se lo dije, porque dejó de llorar y me abrazó por mucho rato. De todas formas, aún tiene diecinueve, y estos niños de hoy en día... no son como tú y como yo. Ya aprenderán solos.
Pero bueno, querida, ya tengo que dejar de escribirte, porque se ha hecho tarde y tengo que bajar a la sala común, porque esta noche echan mi programa favorito y no voy a permitir que los demás viejos me impidan ver la tele.
No te olvido aunque ya no estés.
Te mando todos los besos que no te pude dar, como todas las noches.
Hasta pronto,
Mí.
Etiquetas:
De mayor quiero ser escritora perturbada.
miércoles, 8 de enero de 2014
Gold statues don't talk.
"...Di algo... lo que sea...".
Nada. Silencio. Es todo lo que consigues obtener del hombre delgado, trajeado y con un vaso de whiskey dorado en la mano. Estás acostumbrada al frío en su ausencia y en su presencia, pero parece que te han atrapado en un iceberg mientras esperas de pie en medio del salón algún tipo de reacción. Un grito, un gesto de confusión, una lágrima, un ceño fruncido.
Lo que sea.
Algo que te indique que te ha oído cuando le has pedido el divorcio.
"Yo... no puedo. No puedo estar sola y tenerte en mente y tenerte cerca y seguir estando sola. Sabes que yo te quería, lo sabes, quería estar contigo siempre, acompañarte en todo y a todas partes... pero no me has dejado... no me diste la oportunidad de seguirte".
Un trago. Dos. De whiskey. De saliva. Para no ser consciente. Para aflojar el nudo en la garganta.
"Me rindo. ¿No dices nada?".
Podrías estar quemando un agujero en su nuca con tus ojos, pero él no se gira. No cambia de postura. Clavado delante de la chimenea, mano izquierda en el bolsillo de los pantalones negros rectos y bien planchados, mano derecha sujetando un vaso cilíndrico bajo con whiskey y tres cubos de hielo. La chimenea ni siquiera está encendida.
El frío no cambia.
Que simplemente te ignore una vez más te hace sentir diminuta, frágil, tonta, ingenua. No quieres acercarte a él porque sabes que tus músculos están rígidos por el frío y seguramente tropieces y caigas, rompiendo aún más tu dignidad.
Después de que tu amor por él se estrellase contra la certeza de que nunca podrías conformarte con camas vacías y joyas caras, decidiste hacer esto, por amor propio. Aún te queda mucho por delante, para volver a reconstruirte tú misma, pero este es el primer paso. Estás convencida.
"...Siento no haber podido ser lo suficiente como para que te abrieras a mí".
Estás al borde de las lágrimas, y se nota en tu voz. Te preguntas si él se ha dado cuenta, si le importa.
Silencio. Frío. Nada se mueve en el salón, aparte de tu cuerpo, que tiembla.
"Yo...".
Te detienes, sin saber qué decir. No tienes nada más que decir. Tú no. Así que tu segundo paso hacia volver a sentir calor dentro de ti es dejar de intentarlo, tragar tu orgullo y dejar de intentar sonsacarle reacciones.
No. No puedes. Todavía no.
"Yo te quiero. Te he querido. Me he casado contigo, y te estoy diciendo que me voy. ¿¡Es que no tienes nada que decir?!".
La rabia y la frustración hacen que tu sangre se convierta en lava en una milésima de segundo y cubres la distancia entre los dos en tres zancadas. Con la mano derecha le arrancas el vaso de la mano y lo lanzas hacia la chimenea, donde estalla. En el mismo momento en el que el sonido de cristales rotos rompe el silencio, tu mano izquierda agarra su mentón con agresividad para obligarle a mirarte a los ojos.
No sientes ningún tipo de alivio cuando ves la más mínima expresión de dolor y culpa en ellos.
"¿¡No piensas decir nada mientras te abandono!? ¡Di algo, joder!".
Nada. Solo tu respiración agitada.
Tu mano izquierda vuelve a tu lado, inerte, pero él sigue mirándote a los ojos sin decir nada.
"N-No sé lo que hice para que me alejaras de ti, no sé siquiera si hice algo para que te alejaras de mí, pero lo siento. Siento tanto el... el haber fracasado en intentar ocupar un sitio importante en tu vida...".
Tu garganta duele como si él te estuviera estrangulando con las dos manos. Pero sus mano izquierda está aún en su bolsillo y su mano derecha está tensa, en un puño, con los nudillos blancos. Emoción. Ahora. Nunca antes.
Ahora. Justo al final.
"Te habría seguido al fin del mundo si tan solo me hubieras dicho cuándo y hacia dónde querías ir".
"Por favor... di algo...".
Esperas. Esperas. Esperas.
Esperas.
...
Nada.
Y ahora sí. Ahora sí, tragas saliva una vez más, y el dolor de tu garganta casi te asfixia. Pero te mueves. Te vas del salón. Vas a tu habitación. Coges la maleta que ya has preparado con tus cosas más importantes. Vas hacia la entrada. Lanzas una última mirada al salón. Nada se ha movido en los últimos cinco minutos. Él tampoco.
Abres la puerta.
Silencio. Frío. Nada. Sales.
Cierras la puerta.
Nada. Silencio. Es todo lo que consigues obtener del hombre delgado, trajeado y con un vaso de whiskey dorado en la mano. Estás acostumbrada al frío en su ausencia y en su presencia, pero parece que te han atrapado en un iceberg mientras esperas de pie en medio del salón algún tipo de reacción. Un grito, un gesto de confusión, una lágrima, un ceño fruncido.
Lo que sea.
Algo que te indique que te ha oído cuando le has pedido el divorcio.
"Yo... no puedo. No puedo estar sola y tenerte en mente y tenerte cerca y seguir estando sola. Sabes que yo te quería, lo sabes, quería estar contigo siempre, acompañarte en todo y a todas partes... pero no me has dejado... no me diste la oportunidad de seguirte".
Un trago. Dos. De whiskey. De saliva. Para no ser consciente. Para aflojar el nudo en la garganta.
"Me rindo. ¿No dices nada?".
Podrías estar quemando un agujero en su nuca con tus ojos, pero él no se gira. No cambia de postura. Clavado delante de la chimenea, mano izquierda en el bolsillo de los pantalones negros rectos y bien planchados, mano derecha sujetando un vaso cilíndrico bajo con whiskey y tres cubos de hielo. La chimenea ni siquiera está encendida.
El frío no cambia.
Que simplemente te ignore una vez más te hace sentir diminuta, frágil, tonta, ingenua. No quieres acercarte a él porque sabes que tus músculos están rígidos por el frío y seguramente tropieces y caigas, rompiendo aún más tu dignidad.
Después de que tu amor por él se estrellase contra la certeza de que nunca podrías conformarte con camas vacías y joyas caras, decidiste hacer esto, por amor propio. Aún te queda mucho por delante, para volver a reconstruirte tú misma, pero este es el primer paso. Estás convencida.
"...Siento no haber podido ser lo suficiente como para que te abrieras a mí".
Estás al borde de las lágrimas, y se nota en tu voz. Te preguntas si él se ha dado cuenta, si le importa.
Silencio. Frío. Nada se mueve en el salón, aparte de tu cuerpo, que tiembla.
"Yo...".
Te detienes, sin saber qué decir. No tienes nada más que decir. Tú no. Así que tu segundo paso hacia volver a sentir calor dentro de ti es dejar de intentarlo, tragar tu orgullo y dejar de intentar sonsacarle reacciones.
No. No puedes. Todavía no.
"Yo te quiero. Te he querido. Me he casado contigo, y te estoy diciendo que me voy. ¿¡Es que no tienes nada que decir?!".
La rabia y la frustración hacen que tu sangre se convierta en lava en una milésima de segundo y cubres la distancia entre los dos en tres zancadas. Con la mano derecha le arrancas el vaso de la mano y lo lanzas hacia la chimenea, donde estalla. En el mismo momento en el que el sonido de cristales rotos rompe el silencio, tu mano izquierda agarra su mentón con agresividad para obligarle a mirarte a los ojos.
No sientes ningún tipo de alivio cuando ves la más mínima expresión de dolor y culpa en ellos.
"¿¡No piensas decir nada mientras te abandono!? ¡Di algo, joder!".
Nada. Solo tu respiración agitada.
Tu mano izquierda vuelve a tu lado, inerte, pero él sigue mirándote a los ojos sin decir nada.
"N-No sé lo que hice para que me alejaras de ti, no sé siquiera si hice algo para que te alejaras de mí, pero lo siento. Siento tanto el... el haber fracasado en intentar ocupar un sitio importante en tu vida...".
Tu garganta duele como si él te estuviera estrangulando con las dos manos. Pero sus mano izquierda está aún en su bolsillo y su mano derecha está tensa, en un puño, con los nudillos blancos. Emoción. Ahora. Nunca antes.
Ahora. Justo al final.
"Te habría seguido al fin del mundo si tan solo me hubieras dicho cuándo y hacia dónde querías ir".
"Por favor... di algo...".
Esperas. Esperas. Esperas.
Esperas.
...
Nada.
Y ahora sí. Ahora sí, tragas saliva una vez más, y el dolor de tu garganta casi te asfixia. Pero te mueves. Te vas del salón. Vas a tu habitación. Coges la maleta que ya has preparado con tus cosas más importantes. Vas hacia la entrada. Lanzas una última mirada al salón. Nada se ha movido en los últimos cinco minutos. Él tampoco.
Abres la puerta.
Silencio. Frío. Nada. Sales.
Cierras la puerta.
Etiquetas:
De mayor quiero ser escritora perturbada.
lunes, 6 de enero de 2014
All night, all the nights.
La entrevista iba a ser en el mismo set de rodaje, todo bastante simple: dos sillas, un foco y un póster de la película colocado detrás de su asiento, como publicidad no hecha a propósito. Le avisaron de que el reportero había llegado al set en uno de sus descansos, tal y como habían planeado. Antes de ir a recibir al periodista, cogió una botella de agua de una de las mesas de catering y respiró hondo antes de sonreír de lado con expresión practicada. "Vamos allá".
.
-Dime, David, ¿alguna vez soñaste en llegar a estar donde estás ahora?- Casi te sorprende por dónde ha tirado la entrevista después de las típicas primeras preguntas de presentación. Casi. Pero tú te reclinas en tu silla, apoyas el tobillo derecho sobre la rodilla izquierda y sonríes como lo haces para todas las cámaras.
-¡Por supuesto! Los jóvenes que estudiábamos para llegar a ser actores nos pasábamos media vida pensando en el futuro. Planeábamos carreras enteras, ensayábamos discursos de aceptación de premios, fantaseábamos con conocer a los profesionales que habían estado en escena antes que nosotros... Soñar era la mitad del trabajo, casi.
-¿Y te imaginabas con el nivel de vida que has conseguido tener?
-Obviamente. - La confianza en ti mismo es algo que los (y más las) fans parecen apreciar muchísimo. Y las sonrisas de lado también, así que les das ambas-. Siempre pensaba en qué me gastaría mi primer gran sueldo. Pagar la hipoteca de mis padres, comprarme una casa en un barrio del centro de la ciudad y amueblarla y decorarla a mi gusto, después un coche... luego la vida da muchas vueltas y cumples pocas de las compras que te imaginabas, pero cuando estudias Arte Dramático das por sentado que acabarás en la alfombra roja con un traje de primerísima marca mientras los fans aclaman tu nombre y los flashes buscan tu perfil. -Tú ya eres un experto, y tanto él como tú sabéis que hablas desde la experiencia.
-O sea, que tú tenías clarísimo a dónde querías llegar, ¿no? - Siempre te ha dado la impresión de que cuando un periodista pregunta algo sonriendo, es que te está desafiando a contestar algo interesante. Y a ti te encanta un reto.
-Desde siempre. Siempre he soñado con la típica mejor vida de actor. Y ahora, aquí estoy.
.
No sé exactamente en qué clase de fiesta estoy ni quién la está celebrando, pero ahí está esa cantante que todo el mundo parece adorar ahora de un día para otro, así que debe de ser importante. Le queda bien el rojo. El vestido es bonito. Y corto. Corto, corto. Bueno, y parece que su cara es larga, larga, porque normalmente la gente en las fiestas no tiene cara de estar haciendo un favor desagradable a todo el mundo por atender. Bueno, una conversación menos. ¿Debería tomarme una última copa antes de irme? Hmm... nnnno. Demasiada gente en esa barra... rodeando a ese tío... que me suena de... algo. ¡De eso! ¡De las revistas! Próxima promesa de la dirección cinematográfica y blablablablá, me voy a casa, que tengo series que ver y gatos que alimentar.
.
.
.
El reportero llegó más temprano de lo previsto, en plena prueba de sonido para el concierto. Mientras ella cantaba la última canción de la lista programada para aquella tarde/noche, los de luz y sonido revisaban el espectáculo por enésima vez y los bailarines comprobaban la última coreografía, que realizaron sin fallos. Todo apuntaba a un concierto redondo, y eso le hacía estar más y menos nerviosa a la vez. No, nerviosa no, ansiosa. Expectante. Pero antes tenía que hacer la entrevista que iría acompañada de una crítica de su concierto, por lo que después de cantar, tocaba poner una sonrisa de oreja a oreja y después, cantar otra vez. El entrevistador estaba llegando al escenario cuando ella terminó de cantar y dio el punto y final al ensayo, comenzando con la entrevista menos de dos minutos después.
.
-¿Cómo se siente alguien cuando su primer disco sale a la venta y se convierte en un éxito repentino? - Añades una vez más a tu contador mental de veces que has querido abofetear a alguien por decir algo así haciendo que parezca que te has sacado tu disco de la manga un día cualquiera y que solo cantas desde que tienes un "single". Pero tú te ríes, porque es lo que te ha pedido tu publicista que hagas a cambio.
-¡Pues muy bien, la verdad! Muy agradecida por todo el apoyo y por la oportunidad, y un poquito nerviosa y apabullada por la cantidad de fans que se han unido para hacer posible mi sueño. - Estás un 90% segura de que esa frase ya la dijo alguien más antes que tú en su momento, pero ahora queda muy bien decirlo.
-Se nota que has trabajado mucho para hacer de este álbum un gran comienzo de una gran carrera. - No sabes si reír o llorar. Llorar honestamente y darle las gracias a este hombre y pedirle perdón por haber creído que era un cretino desde el primer momento. Así que solo sonríes.
-La verdad es que sí, estoy orgullosa de decir que llevo muchos años dejándome la piel y la voz cantando y trabajando para llegar aquí.
-Era tu principal meta y la has cumplido, ¿no? Enhorabuena.
-Muchas gracias. Siempre me han enseñado que el esfuerzo se recompensa, y siento como que esto es el resultado que siempre he querido. - Estás quedando como otro producto de un día de la industria musical en esta entrevista con tanta respuesta reciclada, pero es cierto. Siempre te has sentido destinada a vivir lo que estás viviendo.
-¿Siempre has tenido la certeza de que esta sería tu recompensa o solo la esperanza de que lo llegara a ser?
-La esperanza, claro. Pero también certeza, porque confiaba plenamente en que mi trabajo acabaría teniendo frutos así. Y tenía razón.
.
Este vestido era una muchísima mejor idea mientras estaba en la percha. Hace un frío de injusticia y yo con esto puesto, y sin poder taparme porque todo el mundo me pondría a caldo por intentar evitar una pulmonía tapando esto. Encima rojo, así, discreto, para que nadie esté pendiente de mí como el imbécil de allí que... ¿qué miras, gilipollas? ¿Eh? ¿¡Qué!? Si no tuviera que devolver este anillo luego te abollaba la frente con él. Dios mío, qué coñazo de fiesta. ¿Qué se supone que estamos celebrando y por quién? ¿Me puedo ir ya? ¿Cuánto me ladraría Josh si me fuera rápido de la fiesta? ¿Si le pago yo para que sea mi publicista no soy yo la jefa y la que tiene que dar voces? ¿Por qué me puede gritar él a mí y yo no a él? ¿Me puedo ir ya? Me aburro. Qué coñazo. Y qué frío. Verás mañana. Pero por ahora yo me voy ya.
.
.
.
Recibió al periodista en su nueva casa, y empezó por disculparse por la cantidad de cajas sin abrir y abiertas que había esparcidas por todas partes. Se disculpó diciendo que había estado muy ocupado trabajando y el reportero solo sonrió, se encogió de hombros y preguntó dónde podrían hacer la entrevista. Le llevó a la cocina, que junto al despacho eran las dos únicas zonas medianamente organizadas. Había estado ocupado con su nuevo guión, escribiendo anotaciones y empezando a perfilar un casting y presupuesto, por lo que la casa llevaba así unos cuatro días. Desde que se instaló, principalmente. Reflexionó sobre ello mientras preparaba una tetera y el entrevistador le planteaba las primeras preguntas básicas para su biografía en el artículo. En el fondo odiaba estar en el foco de cámaras y entrevistas, pero tenía que hacer esto. Empezó a contestar mientras servía el té y buscaba pastas o algo para acompañarlo.
.
-Has causado una gran expectación después de haber triunfado en Sundance como guionista y director, y con solo 25 años ya has tenido tu nombre en carteleras y medios de todo el mundo. ¿Cómo te sientes? - Aún no he terminado de mudarme de casa de mis padres.
-Bien, bien. Muy contento. Tengo ganas de seguir haciendo cosas.
-¿Es mucho trabajo lo de ser guionista a la vez que director o facilita las cosas? - Todo es mucho trabajo detrás de las cámaras de las películas.
-Es mucho, pero me ayuda a conseguir algo que va más en la dirección en la que yo quiero. Me permite afilar mucho el guión y guiar a los actores. Es muy interesante.
-¿Te afectan las críticas que dicen que eres demasiado joven para lo que intentas hacer? - Dicen eso porque ellos no sabían qué demonios estaban haciendo con su vida a mi edad.
-No. Siempre he sido muy perfeccionista y trabajólico respecto a mi pasión, pero nunca me he mentido a mí mismo. Si tuviera dudas de sobre si podría hacerlo, no lo haría. Para mí no es demasiado temprano; es el momento exacto.
-¿Qué hay detrás de tanta pasión por crear cine? - Lo dice como lo diría alguien que no soporta el cine.
-No es solo cine, es el hecho de crear arte. Busco la conexión con el público, lo que haga reaccionar a la gente sin tener que hacer una película que dé bombo a la revolución social o al romance típico. Quiero que la gente salga del cine pensando en lo que no ha visto en mi película pero puede imaginar pasando en la historia. Tengo las herramientas para hacerlo, la llave a ese paraíso de sentimientos. Solo que me esfuerzo mucho para utilizarlas bien.
-Impresionante oír cosas así de alguien tan joven. - Deberías oírme contar chistes.
-Gracias.
.
Mamá estaría orgullosa si supiera que tengo a quince personas a mi alrededor mirándome y preguntándome sobre mi trabajo y aún no he tenido ningún ataque de pánico. Por favor, dejad de mirarme. Ya sabéis que soy joven, ya sabéis en que trabajo, por favor, dejad de mirarme. Hay una cantante guapísima con un vestido cortísimo a menos de diez metros, ¡dejad de mirarme a mí! Nota mental: hablar con la cantante guapísima para saber si le interesaría hacer un videoclip. Tengo un concepto buenísimo. Cuando llegue a casa voy a quemar el nuevo guión, o a guardarlo para dentro de cinco años. Necesito una copa. ¡Oh, qué gran casualidad el estar arrinconado junto a la barra! Me pregunto cómo quedaré si pido cinco tequilas para mí solo. Pero no, porque he venido conduciendo y solo, porque soy un genio del cine e imbécil el resto del tiempo. Bueno, se acabó. El niño genio se abre. Goodbye, adiós, ciao, lo que sea. Me largo.
.
.
.
Los tres coincidieron en la cola del aparcacoches, esperando sus vehículos. David se acercó a Chris, preguntando si era el joven director del que todo el mundo hablaba. Chris asintió antes de lanzarse en un discurso sobre lo mucho que le había gustado la interpretación de David en su última película, sobre todo en una escena determinada. David escuchó atentamente hasta que Tanya pasó junto a ellos para pedirle al aparcacoches que le trajera el suyo. Chris se dio cuenta y dejó de hablar repentinamente al mirar a Tanya, que le estaba lanzando una mirada asesina mientras le preguntaba si tenía algún problema. Chris que tenía en mente proponerle un vídeo. David observó el cambio de tema en silencio, sorprendido cuando Tanya suavizó su expresión y se acercó a ambos.
.
-David, hace tres años que conoces a tus dos mejores amigos, según nos has contado. ¿Cuáles fueron las primeras impresiones?
-Chris era un niño serio que trabajaba como un adulto y Tanya llevaba un vestido precioso que conjuntaba con su demonio interior.
-... No es una respuesta común, desde luego.
-Cada uno me llamó la atención de una manera, pero les quiero por igual. Esa misma noche dejamos una fiesta para irnos a otra y la mitad de nuestra amistad surgió ahí. Chris acabó siendo el que más protegía a Tanya de miradas lascivas, y yo fui quien protegió a Chris de hombres de más de 170 centímetros. Éramos un equipo.
-Es normal ver a jóvenes famosos ser amigos, pero nada como vosotros.
-Soy como un papá oso con ellos. Ellos me cuidan a mí también, desde luego, pero entre el canijo y la chica guapa... les he cogido mucho cariño. Somos como las Supernenas, pero mucho más fiesteros. Y te aseguro que podría seguir así muchos más años.
-Por cierto, enhorabuena por el éxito de tu última película. Chris estará orgulloso. ¿Fue fácil trabajar con tu mejor amigo?
-¡No me lo recuerdes! Creo que nunca he tenido un estudio de personaje tan exhaustivo, pero estoy contento. Los dos lo estamos.
.
-Chris, ¿qué dices de los que piensan que sientes más que amistad por Tanya?
-Que no se preocupen, que solo soy su fan número uno y al que tiene más mimado.
-¿Y de los que piensan lo mismo pero sobre David?
-David me acabaría matando si pasara más tiempo del que pasa conmigo, tanto en el trabajo como fuera, pero por supuesto que le quiero muchísimo. Solo hace falta que él también lo admita. Pero no, ambos disfrutamos de las compañías femeninas.
-¿Se hacen pesados tres años, dos videoclips y una película en una amistad?
-No, lo que se hace pesado es salir una noche con ellos y aguantarles a la mañana siguiente. Ambos son dos lindas flores cuando se despiertan con resaca.
-Todo el mundo sabe la vida nocturna frenética que vivís.
-Solo cuando el trabajo lo permite. Nuestra amistad también se basa en lo que hacemos de día y sobrios, y en cuánto nos apoyamos y entendemos los unos a los otros, pero es cierto que una noche con ellos anima mis peores días y que me siento capaz de todo si les tengo ahí, animándome. Son un gran regalo de la vida. Y me torturarán luego por haber sido tan sentimental.
-Todos los amigos son así, ¿no?
-Los míos, desde luego.
.
-Tanya, ¿qué se siente al tener a esos dos hombres actuando como si fueran tus hermanos siempre?
-Es lo mejor y lo peor que me ha pasado. Es lo mejor cuando Chris se planta delante de alguno que me está mirando demasiado o de alguna que se está pasando de lista, pero es lo peor cuando se enfrentan a él y aparece David. Más de alguna vez les he dejado atrás, haciéndose los Mosqueteros, y me he ido a bailar con más gente. Me tienen sobreprotegida.
-¿Cómo llevan tu nueva relación con Josh?
-Le tienen aterrorizado, pero fingen ser muy amigos delante de mí. Es gracioso, excepto cuando veo a mi novio temblando. Ahí es cuando yo les grito y pasan de grandes hombres valientes a cachorritos regañados. Así les quiero.
-¿Algo ha cambiado en vuestras noches típicas ahora que tienes pareja?
-No. Seguimos haciendo muchas tonterías, pero seguimos sin montar grandes escándalos. Lo que hacemos, lo hacemos bien y muchas veces, pero bien. Es genial salir y sentir como si pudieras conquistar el mundo y arreglarlo todo con dos personas a tu lado. Podría hacerlo toda mi vida.
-Los tres habláis con mucho cariño sobre el futuro de vuestra amistad. ¿Pensáis en que podría cambiar?
-Claro que sí, sabemos que todo puede pasar, pero preferimos no pensar mucho en ello y disfrutarlo y luchar por mantenerlo. En nuestro ambiente es difícil conservar cosas así, pero si nos distanciamos, nunca podrán decir que no intentamos vivirlo todo juntos. Estoy muy orgullosa de ellos y de esto. Realmente son casi como mis dos hermanos.
.
-Dime, David, ¿alguna vez soñaste en llegar a estar donde estás ahora?- Casi te sorprende por dónde ha tirado la entrevista después de las típicas primeras preguntas de presentación. Casi. Pero tú te reclinas en tu silla, apoyas el tobillo derecho sobre la rodilla izquierda y sonríes como lo haces para todas las cámaras.
-¡Por supuesto! Los jóvenes que estudiábamos para llegar a ser actores nos pasábamos media vida pensando en el futuro. Planeábamos carreras enteras, ensayábamos discursos de aceptación de premios, fantaseábamos con conocer a los profesionales que habían estado en escena antes que nosotros... Soñar era la mitad del trabajo, casi.
-¿Y te imaginabas con el nivel de vida que has conseguido tener?
-Obviamente. - La confianza en ti mismo es algo que los (y más las) fans parecen apreciar muchísimo. Y las sonrisas de lado también, así que les das ambas-. Siempre pensaba en qué me gastaría mi primer gran sueldo. Pagar la hipoteca de mis padres, comprarme una casa en un barrio del centro de la ciudad y amueblarla y decorarla a mi gusto, después un coche... luego la vida da muchas vueltas y cumples pocas de las compras que te imaginabas, pero cuando estudias Arte Dramático das por sentado que acabarás en la alfombra roja con un traje de primerísima marca mientras los fans aclaman tu nombre y los flashes buscan tu perfil. -Tú ya eres un experto, y tanto él como tú sabéis que hablas desde la experiencia.
-O sea, que tú tenías clarísimo a dónde querías llegar, ¿no? - Siempre te ha dado la impresión de que cuando un periodista pregunta algo sonriendo, es que te está desafiando a contestar algo interesante. Y a ti te encanta un reto.
-Desde siempre. Siempre he soñado con la típica mejor vida de actor. Y ahora, aquí estoy.
.
No sé exactamente en qué clase de fiesta estoy ni quién la está celebrando, pero ahí está esa cantante que todo el mundo parece adorar ahora de un día para otro, así que debe de ser importante. Le queda bien el rojo. El vestido es bonito. Y corto. Corto, corto. Bueno, y parece que su cara es larga, larga, porque normalmente la gente en las fiestas no tiene cara de estar haciendo un favor desagradable a todo el mundo por atender. Bueno, una conversación menos. ¿Debería tomarme una última copa antes de irme? Hmm... nnnno. Demasiada gente en esa barra... rodeando a ese tío... que me suena de... algo. ¡De eso! ¡De las revistas! Próxima promesa de la dirección cinematográfica y blablablablá, me voy a casa, que tengo series que ver y gatos que alimentar.
.
.
.
El reportero llegó más temprano de lo previsto, en plena prueba de sonido para el concierto. Mientras ella cantaba la última canción de la lista programada para aquella tarde/noche, los de luz y sonido revisaban el espectáculo por enésima vez y los bailarines comprobaban la última coreografía, que realizaron sin fallos. Todo apuntaba a un concierto redondo, y eso le hacía estar más y menos nerviosa a la vez. No, nerviosa no, ansiosa. Expectante. Pero antes tenía que hacer la entrevista que iría acompañada de una crítica de su concierto, por lo que después de cantar, tocaba poner una sonrisa de oreja a oreja y después, cantar otra vez. El entrevistador estaba llegando al escenario cuando ella terminó de cantar y dio el punto y final al ensayo, comenzando con la entrevista menos de dos minutos después.
.
-¿Cómo se siente alguien cuando su primer disco sale a la venta y se convierte en un éxito repentino? - Añades una vez más a tu contador mental de veces que has querido abofetear a alguien por decir algo así haciendo que parezca que te has sacado tu disco de la manga un día cualquiera y que solo cantas desde que tienes un "single". Pero tú te ríes, porque es lo que te ha pedido tu publicista que hagas a cambio.
-¡Pues muy bien, la verdad! Muy agradecida por todo el apoyo y por la oportunidad, y un poquito nerviosa y apabullada por la cantidad de fans que se han unido para hacer posible mi sueño. - Estás un 90% segura de que esa frase ya la dijo alguien más antes que tú en su momento, pero ahora queda muy bien decirlo.
-Se nota que has trabajado mucho para hacer de este álbum un gran comienzo de una gran carrera. - No sabes si reír o llorar. Llorar honestamente y darle las gracias a este hombre y pedirle perdón por haber creído que era un cretino desde el primer momento. Así que solo sonríes.
-La verdad es que sí, estoy orgullosa de decir que llevo muchos años dejándome la piel y la voz cantando y trabajando para llegar aquí.
-Era tu principal meta y la has cumplido, ¿no? Enhorabuena.
-Muchas gracias. Siempre me han enseñado que el esfuerzo se recompensa, y siento como que esto es el resultado que siempre he querido. - Estás quedando como otro producto de un día de la industria musical en esta entrevista con tanta respuesta reciclada, pero es cierto. Siempre te has sentido destinada a vivir lo que estás viviendo.
-¿Siempre has tenido la certeza de que esta sería tu recompensa o solo la esperanza de que lo llegara a ser?
-La esperanza, claro. Pero también certeza, porque confiaba plenamente en que mi trabajo acabaría teniendo frutos así. Y tenía razón.
.
Este vestido era una muchísima mejor idea mientras estaba en la percha. Hace un frío de injusticia y yo con esto puesto, y sin poder taparme porque todo el mundo me pondría a caldo por intentar evitar una pulmonía tapando esto. Encima rojo, así, discreto, para que nadie esté pendiente de mí como el imbécil de allí que... ¿qué miras, gilipollas? ¿Eh? ¿¡Qué!? Si no tuviera que devolver este anillo luego te abollaba la frente con él. Dios mío, qué coñazo de fiesta. ¿Qué se supone que estamos celebrando y por quién? ¿Me puedo ir ya? ¿Cuánto me ladraría Josh si me fuera rápido de la fiesta? ¿Si le pago yo para que sea mi publicista no soy yo la jefa y la que tiene que dar voces? ¿Por qué me puede gritar él a mí y yo no a él? ¿Me puedo ir ya? Me aburro. Qué coñazo. Y qué frío. Verás mañana. Pero por ahora yo me voy ya.
.
.
.
Recibió al periodista en su nueva casa, y empezó por disculparse por la cantidad de cajas sin abrir y abiertas que había esparcidas por todas partes. Se disculpó diciendo que había estado muy ocupado trabajando y el reportero solo sonrió, se encogió de hombros y preguntó dónde podrían hacer la entrevista. Le llevó a la cocina, que junto al despacho eran las dos únicas zonas medianamente organizadas. Había estado ocupado con su nuevo guión, escribiendo anotaciones y empezando a perfilar un casting y presupuesto, por lo que la casa llevaba así unos cuatro días. Desde que se instaló, principalmente. Reflexionó sobre ello mientras preparaba una tetera y el entrevistador le planteaba las primeras preguntas básicas para su biografía en el artículo. En el fondo odiaba estar en el foco de cámaras y entrevistas, pero tenía que hacer esto. Empezó a contestar mientras servía el té y buscaba pastas o algo para acompañarlo.
.
-Has causado una gran expectación después de haber triunfado en Sundance como guionista y director, y con solo 25 años ya has tenido tu nombre en carteleras y medios de todo el mundo. ¿Cómo te sientes? - Aún no he terminado de mudarme de casa de mis padres.
-Bien, bien. Muy contento. Tengo ganas de seguir haciendo cosas.
-¿Es mucho trabajo lo de ser guionista a la vez que director o facilita las cosas? - Todo es mucho trabajo detrás de las cámaras de las películas.
-Es mucho, pero me ayuda a conseguir algo que va más en la dirección en la que yo quiero. Me permite afilar mucho el guión y guiar a los actores. Es muy interesante.
-¿Te afectan las críticas que dicen que eres demasiado joven para lo que intentas hacer? - Dicen eso porque ellos no sabían qué demonios estaban haciendo con su vida a mi edad.
-No. Siempre he sido muy perfeccionista y trabajólico respecto a mi pasión, pero nunca me he mentido a mí mismo. Si tuviera dudas de sobre si podría hacerlo, no lo haría. Para mí no es demasiado temprano; es el momento exacto.
-¿Qué hay detrás de tanta pasión por crear cine? - Lo dice como lo diría alguien que no soporta el cine.
-No es solo cine, es el hecho de crear arte. Busco la conexión con el público, lo que haga reaccionar a la gente sin tener que hacer una película que dé bombo a la revolución social o al romance típico. Quiero que la gente salga del cine pensando en lo que no ha visto en mi película pero puede imaginar pasando en la historia. Tengo las herramientas para hacerlo, la llave a ese paraíso de sentimientos. Solo que me esfuerzo mucho para utilizarlas bien.
-Impresionante oír cosas así de alguien tan joven. - Deberías oírme contar chistes.
-Gracias.
.
Mamá estaría orgullosa si supiera que tengo a quince personas a mi alrededor mirándome y preguntándome sobre mi trabajo y aún no he tenido ningún ataque de pánico. Por favor, dejad de mirarme. Ya sabéis que soy joven, ya sabéis en que trabajo, por favor, dejad de mirarme. Hay una cantante guapísima con un vestido cortísimo a menos de diez metros, ¡dejad de mirarme a mí! Nota mental: hablar con la cantante guapísima para saber si le interesaría hacer un videoclip. Tengo un concepto buenísimo. Cuando llegue a casa voy a quemar el nuevo guión, o a guardarlo para dentro de cinco años. Necesito una copa. ¡Oh, qué gran casualidad el estar arrinconado junto a la barra! Me pregunto cómo quedaré si pido cinco tequilas para mí solo. Pero no, porque he venido conduciendo y solo, porque soy un genio del cine e imbécil el resto del tiempo. Bueno, se acabó. El niño genio se abre. Goodbye, adiós, ciao, lo que sea. Me largo.
.
.
.
Los tres coincidieron en la cola del aparcacoches, esperando sus vehículos. David se acercó a Chris, preguntando si era el joven director del que todo el mundo hablaba. Chris asintió antes de lanzarse en un discurso sobre lo mucho que le había gustado la interpretación de David en su última película, sobre todo en una escena determinada. David escuchó atentamente hasta que Tanya pasó junto a ellos para pedirle al aparcacoches que le trajera el suyo. Chris se dio cuenta y dejó de hablar repentinamente al mirar a Tanya, que le estaba lanzando una mirada asesina mientras le preguntaba si tenía algún problema. Chris que tenía en mente proponerle un vídeo. David observó el cambio de tema en silencio, sorprendido cuando Tanya suavizó su expresión y se acercó a ambos.
.
-David, hace tres años que conoces a tus dos mejores amigos, según nos has contado. ¿Cuáles fueron las primeras impresiones?
-Chris era un niño serio que trabajaba como un adulto y Tanya llevaba un vestido precioso que conjuntaba con su demonio interior.
-... No es una respuesta común, desde luego.
-Cada uno me llamó la atención de una manera, pero les quiero por igual. Esa misma noche dejamos una fiesta para irnos a otra y la mitad de nuestra amistad surgió ahí. Chris acabó siendo el que más protegía a Tanya de miradas lascivas, y yo fui quien protegió a Chris de hombres de más de 170 centímetros. Éramos un equipo.
-Es normal ver a jóvenes famosos ser amigos, pero nada como vosotros.
-Soy como un papá oso con ellos. Ellos me cuidan a mí también, desde luego, pero entre el canijo y la chica guapa... les he cogido mucho cariño. Somos como las Supernenas, pero mucho más fiesteros. Y te aseguro que podría seguir así muchos más años.
-Por cierto, enhorabuena por el éxito de tu última película. Chris estará orgulloso. ¿Fue fácil trabajar con tu mejor amigo?
-¡No me lo recuerdes! Creo que nunca he tenido un estudio de personaje tan exhaustivo, pero estoy contento. Los dos lo estamos.
.
-Chris, ¿qué dices de los que piensan que sientes más que amistad por Tanya?
-Que no se preocupen, que solo soy su fan número uno y al que tiene más mimado.
-¿Y de los que piensan lo mismo pero sobre David?
-David me acabaría matando si pasara más tiempo del que pasa conmigo, tanto en el trabajo como fuera, pero por supuesto que le quiero muchísimo. Solo hace falta que él también lo admita. Pero no, ambos disfrutamos de las compañías femeninas.
-¿Se hacen pesados tres años, dos videoclips y una película en una amistad?
-No, lo que se hace pesado es salir una noche con ellos y aguantarles a la mañana siguiente. Ambos son dos lindas flores cuando se despiertan con resaca.
-Todo el mundo sabe la vida nocturna frenética que vivís.
-Solo cuando el trabajo lo permite. Nuestra amistad también se basa en lo que hacemos de día y sobrios, y en cuánto nos apoyamos y entendemos los unos a los otros, pero es cierto que una noche con ellos anima mis peores días y que me siento capaz de todo si les tengo ahí, animándome. Son un gran regalo de la vida. Y me torturarán luego por haber sido tan sentimental.
-Todos los amigos son así, ¿no?
-Los míos, desde luego.
.
-Tanya, ¿qué se siente al tener a esos dos hombres actuando como si fueran tus hermanos siempre?
-Es lo mejor y lo peor que me ha pasado. Es lo mejor cuando Chris se planta delante de alguno que me está mirando demasiado o de alguna que se está pasando de lista, pero es lo peor cuando se enfrentan a él y aparece David. Más de alguna vez les he dejado atrás, haciéndose los Mosqueteros, y me he ido a bailar con más gente. Me tienen sobreprotegida.
-¿Cómo llevan tu nueva relación con Josh?
-Le tienen aterrorizado, pero fingen ser muy amigos delante de mí. Es gracioso, excepto cuando veo a mi novio temblando. Ahí es cuando yo les grito y pasan de grandes hombres valientes a cachorritos regañados. Así les quiero.
-¿Algo ha cambiado en vuestras noches típicas ahora que tienes pareja?
-No. Seguimos haciendo muchas tonterías, pero seguimos sin montar grandes escándalos. Lo que hacemos, lo hacemos bien y muchas veces, pero bien. Es genial salir y sentir como si pudieras conquistar el mundo y arreglarlo todo con dos personas a tu lado. Podría hacerlo toda mi vida.
-Los tres habláis con mucho cariño sobre el futuro de vuestra amistad. ¿Pensáis en que podría cambiar?
-Claro que sí, sabemos que todo puede pasar, pero preferimos no pensar mucho en ello y disfrutarlo y luchar por mantenerlo. En nuestro ambiente es difícil conservar cosas así, pero si nos distanciamos, nunca podrán decir que no intentamos vivirlo todo juntos. Estoy muy orgullosa de ellos y de esto. Realmente son casi como mis dos hermanos.
Etiquetas:
De mayor quiero ser escritora perturbada.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)